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El libro de la vida: Sofonías | Antiguo Testamento

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El mensaje de Sofonías de juicio y ánimo contiene tres doctrinas importantes:

1) Dios es soberano sobre todas las naciones.

2) Los malos serán castigados y los justos serán reivindicados en el día del juicio.

3) Dios bendice a aquellos que se arrepienten y confían en Él.

Sofonías pronuncia el juicio del Señor sobre toda la tierra, sobre Judá, sobre las naciones circundantes, sobre Jerusalén, y sobre todas las naciones. Esto es seguido por proclamaciones de la bendición del Señor sobre todas las naciones, y especialmente sobre el remanente fiel de Su pueblo en Judá.

Sofonías tuvo el valor de hablar con determinación, porque sabía que estaba proclamando la Palabra del Señor. Su libro comienza con “La palabra de Jehová” y termina con “dice Jehová.”

Él sabía que ni los muchos dioses que la gente adoraba ni aún el poder de la armada asiria podrían salvarles. Dios es misericordioso y compasivo, pero cuando todas Sus advertencias son ignoradas, ha de esperarse el juicio. El día del juicio de Dios es mencionado frecuentemente en las Escrituras.

Los profetas lo llaman el “Día del Señor.” Ellos se refieren a varios eventos, tales como la caída de Jerusalén como a las manifestaciones del Día del Señor, cada una de las cuales apunta hacia el último Día del Señor.

Salmo 78 – Insisten en dudar (410)

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Nuestro recorrido por el libro de los salmos nos ha traído hasta el salmo setenta y ocho, que es el segundo salmo más extenso de la Biblia.

Este salmo es un recordatorio de la historia pasada del pueblo de Dios, en el se destacan sus constantes rebeldía e ingratitud contra Dios, y las consecuencias de las mismas, aunque predomina la gran misericordia de Dios con ellos.

Cada día leemos unos cuantos versículos, para poder tener una idea del contexto, y, después, comentamos parte de los mismos.

Hoy leeremos los versículos veintiuno al treinta y tres, para después, comentar los dos últimos de los leídos.

Los versículos veintiuno al treinta y tres, del salmo setenta y ocho, dicen así:

“Por tanto, oyó Jehová, y se indignó; Se encendió el fuego contra Jacob, Y el furor subió también contra Israel, Por cuanto no habían creído a Dios, Ni habían confiado en su salvación. Sin embargo, mandó a las nubes de arriba, Y abrió las puertas de los cielos, E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen, Y les dio trigo de los cielos. Pan de nobles comió el hombre; Les envió comida hasta saciarles. Movió el solano en el cielo, Y trajo con su poder el viento sur, E hizo llover sobre ellos carne como polvo, Como arena del mar, aves que vuelan. Las hizo caer en medio del campamento, Alrededor de sus tiendas. Comieron, y se saciaron; Les cumplió, pues, su deseo. No habían quitado de sí su anhelo, Aún estaba la comida en su boca, Cuando vino sobre ellos el furor de Dios, E hizo morir a los más robustos de ellos, Y derribó a los escogidos de Israel. Con todo esto, pecaron aún, Y no dieron crédito a sus maravillas. Por tanto, consumió sus días en vanidad, Y sus años en tribulación”.

Ahora, después de leer los versículos veintiuno al treinta y tres, comentaremos los versículos treinta y dos y treinta y tres, que acabamos de leer, y que dicen así: “Con todo esto, pecaron aún, Y no dieron crédito a sus maravillas. Por tanto, consumió sus días en vanidad, Y sus años en tribulación”.

Desde que Dios rescató a su pueblo, sacándolo de Egipto y librándolos milagrosamente del poderoso ejército de Faraón, destruyéndolo en el Mar Rojo, había realizado entre ellos diversas y asombrosas maravillas y castigado sus desobediencias y desafíos de forma durísima, pero, no habían aprendido, sino que siguieron igual y Dios tuvo que alargar su disciplina sobre ellos.

Eso cuentan los versículos últimos que hemos leído. Vamos a verlo, comienzan diciendo que el pueblo reaccionó como si no fuese con ellos, pues dice:

“Con todo esto, pecaron aún”. Y no solo siguieron desobedeciendo, sino, que, además, siguieron sin fiarse de Dios, sin creer que era Él el autor de tantas maravillas, pues añade: “Y no dieron crédito a sus maravillas”.

Quizá digamos: ¡Que ceguera! Pero, preguntémonos, ¿Cómo es nuestra relación con Dios? La actitud del pueblo tuvo graves consecuencias, pues terminan estos versículos diciendo:

“Por tanto, consumió sus días en vanidad, Y sus años en tribulación”. Dios no ha cambiado, Él no cambia.

Humillémonos ante Él y seámosle sumisos.