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Salmo 78 – Insisten en dudar (410)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Nuestro recorrido por el libro de los salmos nos ha traído hasta el salmo setenta y ocho, que es el segundo salmo más extenso de la Biblia.

Este salmo es un recordatorio de la historia pasada del pueblo de Dios, en el se destacan sus constantes rebeldía e ingratitud contra Dios, y las consecuencias de las mismas, aunque predomina la gran misericordia de Dios con ellos.

Cada día leemos unos cuantos versículos, para poder tener una idea del contexto, y, después, comentamos parte de los mismos.

Hoy leeremos los versículos veintiuno al treinta y tres, para después, comentar los dos últimos de los leídos.

Los versículos veintiuno al treinta y tres, del salmo setenta y ocho, dicen así:

“Por tanto, oyó Jehová, y se indignó; Se encendió el fuego contra Jacob, Y el furor subió también contra Israel, Por cuanto no habían creído a Dios, Ni habían confiado en su salvación. Sin embargo, mandó a las nubes de arriba, Y abrió las puertas de los cielos, E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen, Y les dio trigo de los cielos. Pan de nobles comió el hombre; Les envió comida hasta saciarles. Movió el solano en el cielo, Y trajo con su poder el viento sur, E hizo llover sobre ellos carne como polvo, Como arena del mar, aves que vuelan. Las hizo caer en medio del campamento, Alrededor de sus tiendas. Comieron, y se saciaron; Les cumplió, pues, su deseo. No habían quitado de sí su anhelo, Aún estaba la comida en su boca, Cuando vino sobre ellos el furor de Dios, E hizo morir a los más robustos de ellos, Y derribó a los escogidos de Israel. Con todo esto, pecaron aún, Y no dieron crédito a sus maravillas. Por tanto, consumió sus días en vanidad, Y sus años en tribulación”.

Ahora, después de leer los versículos veintiuno al treinta y tres, comentaremos los versículos treinta y dos y treinta y tres, que acabamos de leer, y que dicen así: “Con todo esto, pecaron aún, Y no dieron crédito a sus maravillas. Por tanto, consumió sus días en vanidad, Y sus años en tribulación”.

Desde que Dios rescató a su pueblo, sacándolo de Egipto y librándolos milagrosamente del poderoso ejército de Faraón, destruyéndolo en el Mar Rojo, había realizado entre ellos diversas y asombrosas maravillas y castigado sus desobediencias y desafíos de forma durísima, pero, no habían aprendido, sino que siguieron igual y Dios tuvo que alargar su disciplina sobre ellos.

Eso cuentan los versículos últimos que hemos leído. Vamos a verlo, comienzan diciendo que el pueblo reaccionó como si no fuese con ellos, pues dice:

“Con todo esto, pecaron aún”. Y no solo siguieron desobedeciendo, sino, que, además, siguieron sin fiarse de Dios, sin creer que era Él el autor de tantas maravillas, pues añade: “Y no dieron crédito a sus maravillas”.

Quizá digamos: ¡Que ceguera! Pero, preguntémonos, ¿Cómo es nuestra relación con Dios? La actitud del pueblo tuvo graves consecuencias, pues terminan estos versículos diciendo:

“Por tanto, consumió sus días en vanidad, Y sus años en tribulación”. Dios no ha cambiado, Él no cambia.

Humillémonos ante Él y seámosle sumisos.

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