Salmo 101 – Justicia ejercida (550)

Hoy terminamos nuestro recorrido por el salmo ciento uno. Este salmo, escrito por David, trata todo él de la justicia, tanto ante Dios, como ante los demás, en la intimidad, en el trabajo y en la función pública, ya que todos esos ámbitos eran parte de la vida del salmista David.
Aunque hoy es ya el quinto día con este salmo, y cada día lo hemos leído completo, hoy también vamos a hacerlo, porque tener presente todo el salmo facilita mucho la comprensión de la parte del mismo que nos ocupará especialmente hoy. El salmo ciento uno dice así:
“Misericordia y juicio cantaré; A ti cantaré yo, oh Yahweh. Entenderé el camino de la perfección Cuando vengas a mí. En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa. No pondré delante de mis ojos cosa injusta. Aborrezco la obra de los que se desvían; Ninguno de ellos se acercará a mí. Corazón perverso se apartará de mí; No conoceré al malvado. Al que solapadamente infama a su prójimo, yo lo destruiré; No sufriré al de ojos altaneros y de corazón vanidoso. Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo; El que ande en el camino de la perfección, éste me servirá. No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; El que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos. De mañana destruiré a todos los impíos de la tierra, Para exterminar de la ciudad de Yahweh a todos los que hagan iniquidad”.
Hoy terminamos este salmo, pero, como hacemos cada día, después de leerlo entero, vamos a leer de nuevo el último versículo sobre el cual estará hoy nuestra Mirada para examinarlo en su contenido y a la luz del resto del salmo.
Este versículo se refiere a la justicia ejercida por David como rey, pero, también apunta a la perfecta justicia ejercida por Dios en el día final, así que, vamos a examinarlo con atención. El versículo ocho, del salmo ciento uno dice así:
“De mañana destruiré a todos los impíos de la tierra, Para exterminar de la ciudad de Yahweh a todos los que hagan iniquidad”. Vamos a examinar este versículo, primero pensando en David como rey, y después pensando en la perfecta aplicación de la justicia por Dios en el gran día final.
Las expresiones de este versículo suenan muy fuertes en nuestros días en los cuales predomina el “todo vale”, y en los cuales el castigo parece un abuso de autoridad.
La primera frase del versículo es clarísima, se trata de limpiar el reino de impurezas que lo contaminan y degradan, y estas impurezas son personas malvadas, pues dice:
“De mañana destruiré a todos los impíos de la tierra”. Y esto tiene una buena finalidad, que los justos no sean contaminados de maldad, que la integridad sea la forma normal de vida en los que sirven a Dios, pues dice:
“Para exterminar de la ciudad de Yahweh a todos los que hagan iniquidad”. Pero esta limpieza, sin duda alguna, llega mucho más allá, pues es aplicable a la justicia perfecta y final de Dios, en cuya presencia no puede entrar el mal.
Aun hay tiempo para arrepentirse y pedirle perdón, pero llegará pronto un día cuando ya no haya vuelta atrás, cuando cada uno tendrá que responder ante su trono de sus maldades. Será terrible.
75 años del ataque a Pearl Harbor | #PEARLHARBOR

EE UU ha conmemorado el pasado miércoles (7 de diciembre) el ataque japonés sobre Pearl Harbor que hace 75 años traumatizó a un país que se creía lejos de la II Guerra Mundial y que tras décadas de amistad con Japón, ve aquella tragedia como una herida casi cerrada.
Ya sólo quedan cinco supervivientes del ataque al acorazado USS Arizona, cuyo pecio es hoy monumento nacional, y que hace 75 años se convirtió en una ratonera donde fallecieron cerca de mil marinos, la mayor tumba de aquel día, que acabó con la vida de más de 2.400 soldados.
Cuatro de los supervivientes del USS Arizona han asistido a una ceremonia de recuerdo en la isla de Oahu (Hawai), mientras que otros ancianos testigos de ese día de 1941 han acudido a una ceremonia en el Monumento de la II Guerra Mundial en el corazón de Washington.
Entre los que han viajado a Hawai se encontraba Ray Chávez, marino del USS Condor y que con sus 104 años es el superviviente más longevo de una jornada en la que una nube de 300 aviones militares japoneses sorprendió a la flota estadounidense desplegada en ese enclave del Pacífico.
«Nunca lo olvidaré. Muchas vidas inocentes se perdieron aquel día», ha dicho Chávez en una entrevista emitida hoy por el canal NBC.
El ataque del 7 de diciembre de 1941 arrastró a Estados Unidos a la II Guerra Mundial y llevó al Gobierno de Franklin Delano Roosevelt a ordenar el internamiento de más de 100.000 estadounidenses de ascendencia japonesa en la costa oeste, uno de los períodos más oscuros de la historia de la democracia de EE UU.