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Salmo 101 – Justicia ejercida (550)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Hoy terminamos nuestro recorrido por el salmo ciento uno. Este salmo, escrito por David, trata todo él de la justicia, tanto ante Dios, como ante los demás, en la intimidad, en el trabajo y en la función pública, ya que todos esos ámbitos eran parte de la vida del salmista David.

Aunque hoy es ya el quinto día con este salmo, y cada día lo hemos leído completo, hoy también vamos a hacerlo, porque tener presente todo el salmo facilita mucho la comprensión de la parte del mismo que nos ocupará especialmente hoy. El salmo ciento uno dice así:

“Misericordia y juicio cantaré; A ti cantaré yo, oh Yahweh. Entenderé el camino de la perfección Cuando vengas a mí. En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa. No pondré delante de mis ojos cosa injusta. Aborrezco la obra de los que se desvían; Ninguno de ellos se acercará a mí. Corazón perverso se apartará de mí; No conoceré al malvado. Al que solapadamente infama a su prójimo, yo lo destruiré; No sufriré al de ojos altaneros y de corazón vanidoso. Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo; El que ande en el camino de la perfección, éste me servirá. No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; El que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos. De mañana destruiré a todos los impíos de la tierra, Para exterminar de la ciudad de Yahweh a todos los que hagan iniquidad”.

Hoy terminamos este salmo, pero, como hacemos cada día, después de leerlo entero, vamos a leer de nuevo el último versículo sobre el cual estará hoy nuestra Mirada para examinarlo en su contenido y a la luz del resto del salmo.

Este versículo se refiere a la justicia ejercida por David como rey, pero, también apunta a la perfecta justicia ejercida por Dios en el día final, así que, vamos a examinarlo con atención. El versículo ocho, del salmo ciento uno dice así:

“De mañana destruiré a todos los impíos de la tierra, Para exterminar de la ciudad de Yahweh a todos los que hagan iniquidad”. Vamos a examinar este versículo, primero pensando en David como rey, y después pensando en la perfecta aplicación de la justicia por Dios en el gran día final.

Las expresiones de este versículo suenan muy fuertes en nuestros días en los cuales predomina el “todo vale”, y en los cuales el castigo parece un abuso de autoridad.

La primera frase del versículo es clarísima, se trata de limpiar el reino de impurezas que lo contaminan y degradan, y estas impurezas son personas malvadas, pues dice:

“De mañana destruiré a todos los impíos de la tierra”. Y esto tiene una buena finalidad, que los justos no sean contaminados de maldad, que la integridad sea la forma normal de vida en los que sirven a Dios, pues dice:

“Para exterminar de la ciudad de Yahweh a todos los que hagan iniquidad”. Pero esta limpieza, sin duda alguna, llega mucho más allá, pues es aplicable a la justicia perfecta y final de Dios, en cuya presencia no puede entrar el mal.

Aun hay tiempo para arrepentirse y pedirle perdón, pero llegará pronto un día cuando ya no haya vuelta atrás, cuando cada uno tendrá que responder ante su trono de sus maldades. Será terrible.

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