Radio Solidaria
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Salmo 1 – Vidas fructíferas (3)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 1: «Constrastes»

Versículo 3 «Vidas fructíferas»

Bienvenidos a Miradas. Nuestra mirada sigue fijándose en la inmensa riqueza del primero de los salmos, que, retrata las diferencias entre quien vive teniendo a Dios en cuenta y quien no lo hace así.

Vamos a recordar de nuevo lo que dice este salmo, que es lo siguiente:

«Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará. No así los malos, Que son como el tamo que arrebata el viento. Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, Ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá».

En una Mirada anterior, también dedicada a este salmo, hemos visto que el secreto de la vida separada para Dios surge de una mente alimentada por su Palabra Santa cada día.

Hoy nuestra Mirada se detendrá en una de las consecuencias, el aspecto de la vida de la persona cuya separación de las costumbres que le circundan se basa en la meditación de la Palabra de Dios.

El tercero de los versículos del salmo primero dice que esa persona:
«Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará».

No perdamos de vista que está hablando de la relación con Dios. El versículo dice cuatro cosas muy interesantes del aspecto de la persona que agrada a Dios. Primera su fortaleza, pues es «como árbol plantado junto a corrientes de aguas» y la primera condición para que un árbol crezca fuerte es tener agua cerca.

Sin duda se trata de fortaleza moral, la que produce tener la certeza de que sus opiniones están bien fundamentadas en Dios mismo.

La segunda cosa son los resultados de su vida, pues dice que «da su fruto en su tiempo». Los resultados de su vida se verán en la madurez de su carácter y eso lleva su tiempo, pero se ve con claridad.

Una persona con la madurez que se alimenta de la mente de Dios llama la atención.

La tercera cosa que le distingue es su lozanía, su aspecto agradable, no el físico sino el moral, pues dice que «su hoja no cae», es decir mantiene su mejor aspecto en cualquier tiempo y en toda circunstancia. La paz del Señor en el carácter de una persona siempre impresiona, sobre todo cuando las cosas le van mal.

Y llegamos a la parte en la que es más fácil equivocarse, la que dice: «Y todo lo que hace, prosperará».

Recordemos que el salmo habla, sobre todo, de lo espiritual, ya que los buenos resultados de la vida del justo provienen de su relación continua con la Palabra de Dios, y no son necesariamente materiales, sino espirituales que son los valores permanentes.

Así que la prosperidad de la que habla el texto, puede ser, o no, acompañada de la prosperidad material, pero, sin duda, será muy visible una gran riqueza espiritual, acompañada de éxitos en lo que se propone en el ámbito moral y espiritual.

Vivimos en un mundo tan materialista, donde el tener se valora más que el ser, que nos cuesta comprender que la verdadera prosperidad es la espiritual, la que Dios da a los que le aman. Que esa sea nuestra prosperidad. Es la única que vale la pena.

(por Daniel Valuja)

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