Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 16 Dichoso
Versículos 9-11: Futuro glorioso
Bienvenidos a Miradas. Hoy terminamos nuestro paseo por el salmo dieciséis y lo haremos de la mejor forma posible, mirando al futuro glorioso del creyente.
Pues ya hemos dicho en días anteriores que el salmo es una confesión de los motivos para ser.
«Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios. No ofreceré yo sus libaciones de sangre, Ni en mis labios tomaré sus nombres. Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; Tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, Y es hermosa la heredad que me ha tocado. Bendeciré a Jehová que me aconseja; Aun en las noches me enseña mi conciencia. A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; Mi carne también reposará confiadamente; Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre”.
Vamos a mirar con atención el final del salmo, desde la segunda parte del versículo nueve hasta el once, que nos deja los dos últimos motivos del salmista para ser dichoso: Vencer a la muerte y una eternidad gloriosa.
Lo leeremos de nuevo para fijarnos bien:
Dice así: “Mi carne también reposará confiadamente; Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre”.
El salmista nos detalla los dos motivos últimos para ser dichoso, en primer lugar nos cuenta que Dios le ha garantizado que la tumba no será su final, que no se quedará allí para siempre, sino que iniciará otra vida en la cual Dios seguirá siendo guía.
Por eso morirá tranquilamente, confiado, seguro.
Pues el salmista afirma: “Mi carne también reposará confiadamente; Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida”.
En segundo y último lugar, la dicha del salmista es que Dios la ha dado una esperanza que penetra en la eternidad con Él, gozando de su gloriosa presencia para siempre.
Pues dice; “En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre”. ¿Cómo no ser dichoso?
Si tienes esta esperanza, da gloria a Dios hoy.
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