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Salmo 37 – Cuida a los fieles (220)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 37 Salmo de David

Versículos 23-26: Cuida a los fieles

Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando por el salmo treinta y siete desde hace unos días y vamos descubriendo perlas que contiene y que solamente las encontramos cuando lo examinamos con calma.

El salmo treinta y siete fue escrito por David y es bastante extenso.

Este salmo nos ofrece una extensa reflexión sobre la conveniencia de vivir dependiendo de Dios sin dejarse deslumbrar por los atractivos de este mundo ni desanimarse por sus ataques porque Dios siempre responde con su cuidado a los que confían en Él.

Vamos a leer los versículos veintitrés al veintiséis para después detenernos en cada frase y comentarla.

Los versículos veintitrés al veintiséis del salmo treinta y siete dicen así: “23 Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, Y él aprueba su camino. 24 Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, Porque Jehová sostiene su mano. 25 Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia que mendigue pan. 26 En todo tiempo tiene misericordia, y presta; Y su descendencia es para bendición”.

Después de leer estos versículos, los repasaremos con nuestra Mirada frase por frase.

“Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, Y él aprueba su camino”.

El visto bueno, la aprobación de nuestro comportamiento, no la dan los demás, ni nosotros mismos, solo Dios puede darla.

Esta es una lección importante, porque tenemos la costumbre de ser nosotros mismos quienes nos califiquemos, y, como es natural, justificando, o disculpando, nuestros fallos, y poniéndonos siempre una buena nota.
Seguidamente, agrega una preciosa promesa para el creyente en dificultad, pues dice:

“Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, Porque Jehová sostiene su mano”.

Es muy evidente que ese hombre es el creyente, o el justo, que es lo mismo, porque Dios justifica al que cree en la obra redentora de Cristo. Seguidamente hace una afirmación, basada en la experiencia, y referida a lo material, con las siguientes palabras:

“Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia que mendigue pan”.

Si nos hemos fijado bien, no dice que se hará rico, sino solamente que no pasará necesidad. Y, seguidamente nos da algún dato más de ese justo del que habla y dice dos cosas muy hermosas;

“En todo tiempo tiene misericordia, y presta; Y su descendencia es para bendición”.

La primera es que se compadece de los que tienen necesidad y no se queda en compasión solamente sino que comparte. La segunda es que sus hijos serán una bendición para él y para los demás, seguramente porque han aprendido esta forma de comportarse, tan elogiable y tan digna de imitar.

En resumen, el mensaje de esta parte del salmo que hemos meditado hoy, es el mismo que el del resto del salmo, es lo mejor depender de Dios, sin dejarse deslumbrar por los atractivos de este mundo, que los tiene, ni desanimarse por sus ataques que se producen.

Las buenas lecciones vale la pena aprenderlas y ponerlas en práctica, esta es una de ellas.

Toma nota para tu bien, no solo temporal sino eterno.

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