Espacio presentado por Daniel Valuja.
Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando por el libro de los salmos y ya hemos alcanzado el salmo cincuenta y nueve que iremos meditando durante unos días.
Fue escrito por David quien pide ser defendido de los enemigos que le atacan injustamente y se burlan de Dios.
Por eso el salmista pide que sea Dios el que intervenga y que les castigue de tal forma que sea un testimonio para los demás, que promueva el reconocimiento de Dios.
Termina David el salmo con un canto a la misericordia de Dios sobre él.
Cada día iremos leyendo unos pocos versículos para después meditarlos y comentarlos frase por frase. Hemos titulado los versículos que leeremos hoy “El clamor de un perseguido”.
Los versículos uno al cuatro, del salmo cincuenta y nueve, dicen así: “Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío; Ponme a salvo de los que se levantan contra mí. Líbrame de los que cometen iniquidad, Y sálvame de hombres sanguinarios. Porque he aquí están acechando mi vida; Se han juntado contra mí poderosos. No por falta mía, ni pecado mío, oh Jehová; Sin delito mío corren y se aperciben. Despierta para venir a mi encuentro, y mira”.
Vamos a meditar estos versículos frase por frase. La primera podía perfectamente ser el título del salmo, porque expresa lo esencial del mismo, diciendo: “Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío”.
Lo esencial de esta petición, es que David encomienda a Dios su liberación. Pero el salmo sigue adelante con la petición, que, a la vez, describe a los enemigos, pues dice en la siguiente frase:
“Ponme a salvo de los que se levantan contra mí”.
Esto nos descubre que se trataba de súbditos de David que se habían rebelado contra él y querían matarlo; tal vez se trate de la rebelión de su hijo Absalón.
En la siguiente frase añade un dato más, de gran importancia en el salmo, pues, a la vez que insiste en su petición, acusa a sus enemigos de maldad contra Dios con estas palabras:
“Líbrame de los que cometen iniquidad”. En la siguiente petición añade otro dato de sus enemigos pues les señala como criminales que no dudan en matar, ya que dice: “Y sálvame de hombres sanguinarios”.
Esta característica es confirmada en la frase siguiente y complementada con otra característica más, la de traidores que se esconden esperando su momento, pues dice de ellos: “Porque he aquí están acechando mi vida”.
En la frase siguiente completa la descripción de sus enemigos al referirse a su rango y asociación contra él, lo cual los hacía más temibles, pues dice de ellos: “Se han juntado contra mí poderosos”.
Aunque un poco más adelante volverá a dar algún dato más de los enemigos, ahora proclama su inocencia, tanto con sus enemigos como con Dios, pues dice: “No por falta mía, ni pecado mío, oh Jehová”.
Terminan estos versículos insistiendo en su inocencia y con un acento de urgencia pues dice:
“Sin delito mío corren y se aperciben”. Y, finalmente, en la última frase que veremos hoy, David reclama la presencia de Dios para comprobar que todo lo dicho era así, con estas palabras: “Despierta para venir a mi encuentro, y mira”.
Precioso modelo de petición cuando estés injustamente maltratado.
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