Espacio presentado por Daniel Valuja.
En nuestro continuo recorrido, a lo largo de los salmos, abordamos hoy el salmo ochenta y tres, que es el último de los doce que fueron compuestos por Asaf, o descendientes suyos, dedicados igualmente a la música y el canto en el culto.
Dadas las características de este salmo, lo leeremos completo cada día, e iremos comentándolo, poco a poco, durante cinco días.
El salmo ochenta y tres es una denuncia de los seculares enemigos de Israel, pidiendo a Dios que los venza y que puedan volverse también ellos al verdadero Dios.
El salmo ochenta y tres dice así:
“Oh Dios, no guardes silencio; No calles, oh Dios, ni te estés quieto. Porque he aquí que rugen tus enemigos, Y los que te aborrecen alzan cabeza. Contra tu pueblo han consultado astuta y secretamente, Y han entrado en consejo contra tus protegidos. Han dicho: Venid, y destruyámoslos para que no sean nación, Y no haya más memoria del nombre de Israel. Porque se confabulan de corazón a una, Contra ti han hecho alianza Las tiendas de los edomitas y de los ismaelitas, Moab y los agarenos; Gebal, Amón y Amalec, Los filisteos y los habitantes de Tiro. También el asirio se ha juntado con ellos; Sirven de brazo a los hijos de Lot. Hazles como a Madián, Como a Sísara, como a Jabín en el arroyo de Cisón; Que perecieron en Endor, Fueron hechos como estiércol para la tierra. Pon a sus capitanes como a Oreb y a Zeeb; Como a Zeba y a Zalmuna a todos sus príncipes, Que han dicho: Heredemos para nosotros Las moradas de Dios. Dios mío, ponlos como torbellinos, Como hojarascas delante del viento, Como fuego que quema el monte, Como llama que abrasa el bosque. Persíguelos así con tu tempestad, Y atérralos con tu torbellino. Llena sus rostros de vergüenza, Y busquen tu nombre, oh Jehová. Sean afrentados y turbados para siempre; Sean deshonrados, y perezcan. Y conozcan que tu nombre es Jehová; Tú solo Altísimo sobre toda la tierra”.
Ahora tras leer el salmo ochenta y tres, como su contenido es muy sencillo, vamos a examinar los dos primeros versículos que invocan a Dios para que intervenga a causa del acoso de los enemigos alrededor, estos versículos dicen así:
“Oh Dios, no guardes silencio; No calles, oh Dios, ni te estés quieto. Porque he aquí que rugen tus enemigos, Y los que te aborrecen alzan cabeza”. Vamos a ver frase a frase.
Comienza el salmo pidiendo que Dios hable, que califique la situación, que manifieste su condena, pues dice:
“Oh Dios, no guardes silencio”. Seguidamente, añade un matiz importante, pues no solo pide denuncia, sino también acción de parte de Dios, pues dice:
“No calles, oh Dios, ni te estés quieto”. Y continúa con los motivos de su petición en dos frases muy descriptivas, pues en la primera se refiere a las amenazas de los enemigos, tanto del pueblo de Dios como de Dios mismo, y a su odio, diciendo:
“Porque he aquí que rugen tus enemigos”. Y terminan estos versículos con la segunda frase que recalca el desprecio de Dios y la prepotencia en los enemigos, diciendo:
“Y los que te aborrecen alzan cabeza”. La lección para hoy es: Si te acosan los enemigos de Dios, pide a Dios ayuda.
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