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Salmo 1 – Comunión con Dios (2)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 1: «Contrastes»

Versículo 2 «Comunión con Dios»

Bienvenidos a Miradas. Nuestra mirada sigue fijándose en la inmensa riqueza del primero de los salmos, que, retrata las diferencias entre quien vive teniendo a Dios en cuenta y quien no lo hace así.

Vamos a recordar de nuevo el texto de este salmo, que dice así:

«Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará. No así los malos, Que son como el tamo que arrebata el viento. Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, Ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.»

En una Mirada anterior hemos visto en el versículo uno las claves de la separación del que vive en el temor de Dios y nos hemos fijado en que esa separación comienza por la mente que no se deja arrastrar por la forma de pensar de los que viven como si Dios no existiese para manifestarse en una conducta consecuente.

Recordemos lo que decía ese versículo:

«Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado».

El versículo segundo nos explica el secreto de la vida separada para Dios en medio de un mundo, que, no solo le ignora sino que se burla de Él, pues dice el versículo dos:

«Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche».

Decíamos hace un momento que la conducta comienza por la mente y, por tanto, una conducta separada de la forma de vivir sin tener a Dios en cuenta, comienza por una mente separada. Pero, sabemos muy bien que la mente no puede estar desocupada, así que es necesario tenerla ocupada con algo positivo, que contrarreste la influencia del entorno que se opone a Dios.
Este versículo segundo nos revela el secreto en dos fases, la primera es que lo pasa bien con la Palabra de Dios, pues dice que «en la ley de Jehová está su delicia».

Es evidente que ha descubierto la riqueza inmensa de las Escrituras y tiene con su lectura el mayor deleite, vamos, que disfruta leyendo la Biblia, pues no dice que sea una de sus aficiones, sino que es su delicia, o sea su mayor gozo.

Ha descubierto que es el alimento ideal para que su mente se mantenga separada y además le gusta, por eso no nos extraña la segunda parte del secreto de la separación de su mente para Dios, pues leemos que «en su ley medita de día y de noche».

Este meditar, o pensar, o repasar, o reflexionar, supone haber aprendido de memoria lo que después medita.

Ese repaso tiene dos grandes ventajas, una que su mente está ocupada con los mejores pensamientos con lo cual impide el paso a otros, y, en segundo lugar, este ejercicio de repaso, de meditación sosegada, permite descubrir riquezas del texto, que pasan muchas veces desapercibidas en una lectura rápida.

Por lo tanto, la persona cuya conducta agrada a Dios tiene su mente saturada de su Palabra y de ahí surgen sus actitudes y su forma de vivir claramente distanciada de una sociedad que ha decidido marginar a Dios.

Así que el secreto de una vida que agrada a Dios es una relación constante con su Palabra.

Haz la prueba y lo comprobarás y disfrutarás.

(por Daniel Valuja)

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