Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 22 Al músico principal; sobre Ajelet-sahar. Salmo de David.
Versículos 6-8: Despreciado
Bienvenidos a Miradas. En nuestro paseo por los salmos hemos llegado al salmo veintidós.
Un salmo de David, que en su primera parte presenta un cuadro de dolor y angustia a causa de un trato muy cruel e injusto.
Aunque este salmo surge de una situación concreta de la vida de David, las descripciones de su sufrimiento son un detallado anticipo, y por lo tanto proféticas, de la muerte de Jesucristo ocurrida mil años después. Y de hecho, el salmo veintidós aparece citado en el relato de la crucifixión en los cuatro evangelios.
Vamos a recordar el comienzo del salmo hasta el versículo trece para hacernos una idea de lo que hemos comentado, y después nos fijaremos en los versículos seis al ocho con más detalle.
El salmo comienza así: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo. Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres; Esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados. Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía. Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; Porque no hay quien ayude. Me han rodeado muchos toros; Fuertes toros de Basán me han cercado. Abrieron sobre mí su boca Como león rapaz y rugiente”.
Después de recordar los trece primeros versículos del salmo,
fijaremos nuestra Mirada en los versículos seis al ocho.
Estos versículos tienen dos partes muy definidas, lo que pensaban de él y lo que pensaban de su fe en Dios.
Veamos el texto: “Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía”.
Lo que pensaban de él puede resumirse en una sola palabra:
Desprecio.
Repasemos la descripción, David dice: “Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo”.
Pero aun hay algo más doloroso, lo que pensaban de su confianza en Dios, o más aun, de la relación de Dios con él, pues era un espectáculo vergonzoso para los demás ya que Dios, en quien confiaba y quien le había ungido para su misión, no intervenía y eso hacía las burlas aun más dolorosas, las palabras de David son estremecedoras:
“Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía”.
¿Te ha parecido alguna vez que Dios te fallaba? ¿Qué debía intervenir y no lo hacía? Nunca dudes.
A veces tarda, pero nunca abandona a los suyos.
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