Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 31 Confianza en la angustia
Versículos 11-14: Confianza en la angustia
Bienvenidos a Miradas. Continuamos nuestro recorrido por el libro de los salmos y ya estamos llegando casi al final del salmo treinta y uno, que es uno de los muchos que escribió David.
El salmo es uno oración que nos cuenta una situación muy difícil en la cual David pide ayuda a Dios, pero expresando siempre una total confianza.
Hoy pondremos nuestra Mirada sobre los versículos once al catorce que expresan el sufrimiento del salmista y su confianza en Dios en medio de la adversidad.
Comenzaremos leyendo esos cuatro versículos para después ir examinando su contenido.
Los versículos once al catorce del salmo treinta y uno dicen así:
“De todos mis enemigos soy objeto de oprobio, Y de mis vecinos mucho más, y el horror de mis conocidos; Los que me ven fuera huyen de mí. He sido olvidado de su corazón como un muerto; He venido a ser como un vaso quebrado. Porque oigo la calumnia de muchos; El miedo me asalta por todas partes, Mientras consultan juntos contra mí E idean quitarme la vida. Mas yo en ti confío, oh Jehová; Digo: Tú eres mi Dios”.
No conocemos la situación del salmista, pudiera ser una enfermedad, pero, parece mas bien que fue uno de esos momentos en los cuales David fue el enemigo público número uno para el rey Saul, que le persiguió a muerte durante años, a pesar de ser David un héroe nacional y comportarse lo mejor posible.
Veamos poco a poco lo que dicen estos versículos. Comienza diciendo:
“De todos mis enemigos soy objeto de oprobio, Y de mis vecinos mucho más, y el horror de mis conocidos; Los que me ven fuera huyen de mí”.
Los enemigos le señalaban como una vergüenza para el país, los vecinos y conocidos no querían tratos con él y se alejaban cuando le veían venir.
La situación era muy difícil de soportar. Pero, aun hay más, pues sigue diciendo: “He sido olvidado de su corazón como un muerto; He venido a ser como un vaso quebrado. Porque oigo la calumnia de muchos”.
A los ojos de los demás ya no servía para nada y lo decían abiertamente. Eso duele mucho, muchísimo. Pero, aun hay más, porque a todo lo dicho hasta aquí,
David, añade: “El miedo me asalta por todas partes, Mientras consultan juntos contra mí E idean quitarme la vida”.
Vamos, que no se contentaban con aislarle, despreciarle, y calumniarle, sino que, además, planeaban matarle.
La situación era desesperada. ¿Qué podría hacer el salmista ante un acoso tan terrible? Pues él nos da la respuesta inmediatamente, ya que dice a continuación, teniendo delante de sí la enorme gravedad de la situación:
“Mas yo en ti confío, oh Jehová; Digo: Tú eres mi Dios”.
Las cosas no podían estar peor.
Era una situación dramática, y, sin embargo, en esa situación límite, el salmista dice con firmeza: “Mas yo en ti confío, oh Jehová”.
Aunque la situación era terrible, y parecía que Dios no intervenía a su favor, el salmista le confiesa como su único apoyo, añadiendo:
“Digo: Tú eres mi Dios”.
No había dudas en el corazón angustiado del salmista.
Sea cual sea nuestra situación, confiemos en Dios, es el único que puede ayudarnos.
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