Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 37 Salmo de David
Versículos 27-29: Rumbo seguro
Bienvenidos a Miradas. Desde hace unos días estamos avanzando por el salmo treinta y siete y vamos descubriendo perlas que contiene y que solamente las encontramos cuando lo examinamos con calma.
El salmo treinta y siete fue escrito por David y es bastante extenso, eso nos da la oportunidad de pasar más días en su compañía.
El tema de este salmo es la conveniencia de vivir dependiendo de Dios sin dejarse deslumbrar por los atractivos de este mundo ni desanimarse por sus ataques porque Dios siempre responde con su cuidado a los que confían en Él.
Vamos a leer los versículos veintisiete al veintinueve para después detenernos en cada frase y comentarla.
Los versículos veintisiete al veintinueve del salmo treinta y siete, que nos hablan del buen rumbo en esta vida, dicen así:
“27 Apártate del mal, y haz el bien, Y vivirás para siempre. 28 Porque Jehová ama la rectitud, Y no desampara a sus santos. Para siempre serán guardados; Mas la descendencia de los impíos será destruida. 29 Los justos heredarán la tierra, Y vivirán para siempre sobre ella”.
Ahora, después de leer estos tres versículos del salmo treinta y siete, vamos a poner nuestra Mirada sobre cada frase de los mismos, como si fuese el zoom de una cámara, para fijarnos más en los detalles.
Comenzamos con el versículo veintisiete, que dice así: “Apártate del mal, y haz el bien, Y vivirás para siempre”.
¡Qué poquitas palabras y cuanto contenido! Comienza aconsejando la separación del mal, es decir, dejar de portarse mal, pero no se quedo en el vacío de haber dejado unas costumbres, sino que, seguidamente, aconseja dedicar ese tiempo a portarse bien, y el consejo tiene una poderosa razón de ser, bueno, en realidad son tres, fijémonos bien, que nos ofrece el versículo veintiocho pues dice así:
“Porque Jehová ama la rectitud, Y no desampara a sus santos. Para siempre serán guardados”.
¿Te has fijado en las tres razones? La primera es que a Dios, como es natural de Él, le agrada que nos portemos bien, dejando de hacer el mal.
La segunda es que Él cuida a los que confían en sus consejos y los ponen por obra, y, la tercera es una solemne ampliación de la segunda, porque añade que el cuidado de Dios sobre los que le son agradables es permanente.
Como contraste, termina este versículo veintiocho advirtiendo la terrible consecuencia de no querer agradar a Dios, pues dice:
“Mas la descendencia de los impíos será destruida”.
En otras palabras, no hay futuro para los que insisten en no hacer caso a las advertencias de Dios.
En una nueva y clarísima confirmación del resultado de confiar en el Señor, declara “Los justos heredarán la tierra, Y vivirán para siempre sobre ella”. Fijémonos bien en estas dos afirmaciones, la primera habla de propiedad, pues dice que
“Los justos heredarán la tierra”, esto quiere decir, sin duda alguna, toda la tierra, la nueva tierra, sin imperfección alguna, que anuncian tanto profetas como cartas apostólicas, y, finalmente, añade algo muy importante, que será para siempre.
¿Compartes tú esta esperanza?
Pues puede ser también para ti. Vuélvete a Dios de todo corazón por medio de Jesucristo.
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