Espacio presentado por Daniel Valuja.
Bienvenidos a Miradas. En nuestro diario recorrido por el libro de los salmos ya hemos alcanzado el salmo cincuenta y seis.
Este salmo fue escrito por David, ese personaje tan destacado de la Biblia, que primero fue pastor, después soldado brillante, después perseguido injustamente y, por último, rey de Israel durante cuarenta años.
Lo más destacado de su vida fue su dependencia de Dios a lo largo de toda ella.
En este salmo se manifiesta esa dependencia en una situación de gran dificultad, pues, a la vez que pide ayuda a Dios, confiesa una y otra vez su total confianza en Él.
Hoy leeremos el salmo completo y comentaremos el versículo cuatro del mismo.
El salmo cincuenta y seis dice así:
“Ten misericordia de mí, oh Dios, porque me devoraría el hombre; Me oprime combatiéndome cada día. Todo el día mis enemigos me pisotean; Porque muchos son los que pelean contra mí con soberbia. En el día que temo, Yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre? Todos los días ellos pervierten mi causa; Contra mí son todos sus pensamientos para mal. Se reúnen, se esconden, Miran atentamente mis pasos, Como quienes acechan a mi alma. Pésalos según su iniquidad, oh Dios, Y derriba en tu furor a los pueblos. Mis huidas tú has contado; Pon mis lágrimas en tu redoma; ¿No están ellas en tu libro? Serán luego vueltos atrás mis enemigos, el día en que yo clamare; Esto sé, que Dios está por mí. En Dios alabaré su palabra; En Jehová su palabra alabaré. En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre? Sobre mí, oh Dios, están tus votos; Te tributaré alabanzas. Porque has librado mi alma de la muerte, Y mis pies de caída, Para que ande delante de Dios En la luz de los que viven”.
Ahora, tal como hemos prometido, después de leer el salmo cincuenta y seis completo, vamos a comentar el versículo cuatro del mismo que dice así:
“En Dios alabaré su palabra; En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?”.
Vamos ahora a analizar cada frase de este interesantísimo versículo al que hemos titulado: Sin temor, porque ese es el tema del versículo, veamos, comienza diciendo:
“En Dios alabaré su palabra”. O sea, me deleito en meditar la Palabra de Dios y no puedo menos que alabarla.
Hemos dicho hace un momento que el tema de este breve versículo es sin temor”, y la siguiente frase lo confirma plenamente pues dice directamente:
“En Dios he confiado; no temeré”. Con lo cual ya nos deja muy claro el motivo que tiene para no temer: confía en Dios.
Fijémonos bien, está rodeado de peligrosos enemigos que le atacan sin cesar, por lo tanto, no es que sus enemigos se hayan ido o cesado de atacar, es que su confianza no está en sus propias fuerzas ni en su estrategia, sino en Dios, por eso no tiene miedo, y es que ninguna fuerza material o espiritual es motivo de temor si confiamos en el Dios Todopoderoso, porque Él está siempre infinitamente por encima de todo poder.
Así que, lo dice seguidamente “¿Qué puede hacerme el hombre?”. Y es muy lógico, ya que ante el poder de Dios, los seres humanos, son polvo.
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