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Amigos: Lotan Pinian, superviviente del 7-O en Be’eri

Conflicto, profecía y relación con el mundo cristiano. Análisis y reflexiones sobre el papel de Israel en la historia y en los tiempos actuales. Una mirada bíblica a la nación que nunca deja de ser noticia.

Amigos, con Antonio Resco, dedica este programa a la memoria del 7 de octubre y a la oración por la paz. Entrevista en profundidad a Lotan Pinian, superviviente del Kibutz Be’eri, con traducción de Elvin Coaker.

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En el tercer aniversario del ataque de Hamás contra Israel, mientras las fuerzas israelíes continúan las redadas en varios puntos de Cisjordania y todos los cruces fronterizos permanecían cerrados, en los estudios de Radio Solidaria resonaba una voz que no hablaba de política, sino de vida y de muerte. Lotan Pinian, superviviente del kibutz Be’eri, a cinco kilómetros de la Franja de Gaza, accedió a compartir con Antonio Resco, con la traducción improvisada de Elvin Coaker, el relato de lo que ocurrió aquel sábado 7 de octubre de 2023. No era una entrevista más. Era un desgarro.

El Kibutz Be’eri: Una comunidad construida sobre la normalidad

Lotan Pinian es un hombre de cuarenta y cinco años, padre de tres hijos —de nueve, once y trece años entonces—, que vivía en una comunidad donde, como él mismo explicó, «todos viven juntos, la educación y la economía son compartidas». Un lugar que, según sus palabras, era «un buen lugar para educar a los niños». Pero también un lugar donde, desde hacía veinte años, los niños corrían al refugio al sonar las alarmas, esperaban a que pasara el misil y luego continuaban con su día. «Era el estilo de vida», dijo. Una normalidad construida sobre la certeza de que el muro, el ejército, la inteligencia y la fuerza aérea los protegían.

La mañana del 7 de octubre: De la rutina al horror

Aquella mañana, a las 6:29, se despertaron con un ataque masivo de misiles. Lotan pensó que, como siempre, no volverían a dormir, así que puso la cafetera. Veinte minutos después, alguien escribió en el grupo de WhatsApp del kibutz: «Hay terroristas dentro del pueblo». Al principio creyeron que era un grupo pequeño que había logrado penetrar. A las 7:10, todos los mensajes hablaban de terroristas junto a las casas, en los patios, en las puertas. Entonces comprendieron que no era un grupo, sino una invasión. «450 terroristas penetraron en el kibutz. Nosotros éramos 1.000 miembros. Era como un terrorista por cada dos personas», relató Lotan.

Los últimos mensajes de Matty y Amir

Su mujer y sus hijos se refugiaron en la habitación segura de la casa. Su cuñado tomó su rifle y salió a combatir. Sus suegros, Matty y Amir, se escondieron en su propio refugio. Durante una hora y media, la madre de su mujer escribió mensajes: «Los terroristas están cerca de la casa», «están dentro», «están mostrando granadas», «están disparando al refugio». El último mensaje fue: «Ayuda, ayuda». Y nada más. «Eso fue todo», dijo Lotan, con la voz quebrada. «Ya sabíamos que habían matado a nuestros padres».

Dieciocho horas de encierro y el silencio de un perro

Mientras tanto, él y sus hijos permanecían en la habitación segura, sin comida, sin agua, sin batería, sin baño. «Cuando corremos al refugio, pensamos que será cosa de dos o tres minutos y que luego seguiremos con nuestro día», explicó. Pero las horas pasaban. Escuchaban a los terroristas abajo, usando su almacén para esconderse y guardar munición. Escuchaban las puertas abrirse y cerrarse. Escuchaban los gritos. «Mataron a algunos de nuestros vecinos, quemaron la casa de nuestro vecino hasta las cenizas», narró.

En medio de aquel infierno, Lotan tomó una decisión: sacó a su perro, un pastor alemán llamado Ruben, y lo dejó fuera de la habitación. «Sabía que los terroristas tienen miedo de los perros», dijo. Durante dieciocho horas, Ruben no ladró. Hasta que, cerca de las once de la noche, los soldados israelíes llamaron a la puerta. Fue la primera vez que Ruben ladró. «Les dije: derriben la puerta. La derribaron y Ruben les atacó. Querían dispararle y les dije: no, no, hizo lo que tenía que hacer».

La huida a ciegas: Correr entre los cuerpos sin vida

Al salir de la casa, un soldado les advirtió que tendrían que correr por una zona de combate y cruzar muchos cuerpos sin vida. Lotan tomó las mascarillas de la COVID y cubrió los ojos de sus hijos. «Un soldado me dijo que, cuando él lo indicara, pusiera mis manos sobre los ojos de los niños. Le dije que tenía una idea mejor». Así, con los ojos vendados, corrieron durante dieciocho minutos —un trayecto que normalmente se hace en dos— hasta la puerta principal del kibutz. Justo antes de llegar al punto de encuentro, un terrorista salió de los arbustos y disparó contra ellos. Lotan se echó encima de su hijo. Su mujer corrió con las niñas detrás de un vehículo. «Como en una película, disparó toda la munición y no nos alcanzó. Si se hubiera quedado detrás del arbusto disparando bala tras bala, yo no estaría aquí». Veinte segundos después, los soldados mataron al terrorista.

El olor que se queda en la mente y la verdad sobre la muerte de los abuelos

Los llevaron a un camión, donde tuvieron que tumbarse sobre colchones que horas antes habían sido usados por heridos y muertos. «El olor es algo que se queda en la mente hasta hoy», confesó. Dos semanas después, los soldados les preguntaron si querían saber cómo habían muerto Matty y Amir. «Nos dijeron que, aparentemente, los sacaron de la casa porque querían secuestrarlos, pero como estaban gravemente heridos o intentaron huir, los ejecutaron con un disparo en la cabeza cerca de la valla». Los enterraron primero en otro lugar, porque Be’eri era zona de guerra. Un año después pudieron trasladar los restos. «Tuvimos dos ceremonias. Imagínese un kibutz entero asistiendo a ciento dos ceremonias. Porque ciento dos miembros del kibutz fueron asesinados ese día. El diez por ciento de la población».

La mochila de clavos: Cómo seguir adelante tras la tragedia

Lotan Pinian no habla de venganza. Habla de una mochila. «Mi hijo me preguntó: “Papá, ¿cómo vamos a seguir adelante?”. Le dije que tenía una mochila grande en la espalda, con clavos en los huesos. Y dos opciones: o la mochila te tira al suelo porque pesa demasiado y no puedes moverte, o entiendes que la mochila ahora es parte de tu vida. Y necesitas tomarla y ser más grande y más fuerte, porque ya es parte de ti». Esa mochila, dice, es la forma en que los israelíes y los judíos viven en la historia. «De vez en cuando te detienes, lloras, visitas las tumbas de tus seres queridos, y al día siguiente sigues adelante. Sigues viviendo».

El rifle y el abrazo: La filosofía de vida de un superviviente

Y en esa vida, Lotan sostiene dos cosas con las manos: «En una mano agarras el rifle. En la otra, abrazas a quien quieres que esté contigo». Porque, afirma con rotundidad, «buscamos la paz. No hay otro ejército. No somos asesinos. Estamos peleando por nuestras vidas. Esa es la diferencia entre los terroristas y nosotros». Lotan recuerda que cuando era soldado, el ejército israelí les ordenaba no dañar a los inocentes. «Tenemos vídeos de madres palestinas diciendo que sus hijos murieron por culpa de Hamás. No estamos asesinando. Estamos defendiendo la vida».

Un mensaje para España y América Latina: Separar la política de las personas

En un momento de la entrevista, Lotan se dirigió a la audiencia de España y América Latina. «Separen la realidad de la política. No pueden ir con el blanco y negro, o está bien o está mal. Pregunten, lean, hablen, complíquense un poquito». Y recordó que Israel es la única democracia de Oriente Medio, donde el veinte por ciento de la población es musulmana, donde hay musulmanes en el ejército, en el parlamento, en los ministerios. «Hay amigos musulmanes que vienen a mis ceremonias. Es la única nación donde los homosexuales pueden vivir con libertad. En Gaza los tiran desde los edificios; en Tel Aviv, no».

“Si alguien quiere borrarte, no hay paz posible”

Lotan no pide compasión. Pide comprensión. Pide que se separe a las personas de la política. Pide que se mire el mapa: «Cataluña, el País Vasco o la Comunidad de Madrid son más grandes que Israel. Nosotros estamos en el lugar donde hemos vivido durante tres mil años. Compartimos con los palestinos. Quisimos hacer la paz cuatro veces. Dimos tierras. Pero si alguien quiere borrarte, no hay paz posible».

Conclusión: Un abrazo que cruza fronteras

La entrevista terminó con un abrazo. Antonio Resco, visiblemente conmovido, le dijo: «Te vas a llevar un trozo de nuestro corazón a Israel». Lotan respondió: «Siento mucho el abrazo de muchas personas. Y tengo algo que decir: no es una pregunta, es algo que quiero decir a la persona común. Separen la política de las personas. En todo el mundo hay complicidad. No se puede ir con el blanco y negro. Pregunten, lean, hablen».

Desde Radio Solidaria, desde Madrid, desde esa España que a veces olvida, pero que también sabe amar, elevamos una oración por la paz. Porque, como Lotan Pinian, creemos que en una mano está la defensa de la vida y en la otra el abrazo al hermano. Y que, aunque la mochila pese, siempre hay una manera de seguir adelante.

Radio Solidaria. Redacción.
7 de octubre de 2026

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