Un espacio de reflexión cristiana en la voz de Sully de Barra, que te anima a proseguir hacia la meta, a cumplir tu palabra y a vivir con compromiso y pasión por hacer las cosas bien. Un programa que te inspira a reflexionar sobre las enseñanzas de la Biblia y a aplicarlas en tu vida diaria. Porque el camino no termina aquí, seguimos adelante.
A lo largo de estas semanas hemos reflexionado sobre la importancia vital de vivir dependiendo de Dios en este camino hacia la meta eterna. Porque es importante que fortalezcamos áreas espirituales en nosotros que nos ayudarán en momentos de prueba, en nuestro día a día y en cada situación que podemos enfrentar.
Depender significa reconocer que necesitamos de alguien más para vivir, avanzar o lograr algo. Es saber que no lo podemos todo solos, y que necesitamos ayuda, guía, apoyo o fuerza que no tenemos por nosotros mismos.
Cuando hablamos de depender de Dios, significa que confiamos en Él para todo: nuestras decisiones, nuestras fuerzas, nuestro futuro, nuestras necesidades. Es como cuando un niño confía en su padre para que lo cuide, lo alimente, lo guíe y lo proteja… así también nosotros, como hijos de Dios, confiamos plenamente en que Él sabe lo que es mejor para nosotros y está con nosotros siempre.
En las entregas anteriores vimos que hay enemigos que buscan debilitar esa dependencia del Señor, algunas de ellas son la autosuficiencia, que nos hace creer que no necesitamos a Dios; el afán por tener el control, que genera ansiedad e impide que dejemos que Dios dirija nuestras decisiones; y la impaciencia, que nos lleva a adelantarnos a los tiempos de Dios.
También hablamos de cómo podemos cultivar y fortalecer esa dependencia cada día, a través de acciones como buscar al Señor en oración diariamente, leer Su Palabra, rendir nuestra voluntad, reconocerlo en todos nuestros caminos y confiar en su provisión sin preocuparnos, sabiendo que Él cuida de nosotros.
Hoy quiero que miremos hacia las Escrituras para ver a personajes bíblicos que vivieron dependiendo totalmente de Dios, y a través de su ejemplo, podemos descubrir cómo esa fortaleza en sus vidas era firme, porque aprendieron a depender de Dios en todo momento y ante cualquier situación.
MOISÉS – no avanzar sin la presencia de Dios: En Éxodo 33:15 – “Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.” Moisés un hombre de fe sin duda alguna era un hombre que dependía de Dios al cien por ciento. Aprendió a lo largo de su vida que para los grandes retos y desafíos que Dios había puesto en sus manos tenía que depender completamente de Dios y dejarse guiar por Él, por eso no se atrevía a dar un paso si no era con Su presencia. En medio de la misión de guiar al pueblo de Israel, él comprendió que sin Dios no había ningún camino seguro. Y su ejemplo nos enseña a fortalecer nuestra dependencia del Señor porque realmente no deberíamos movernos nunca por impulsos, por emociones o por sentimientos, sino por la dirección de Dios, Moisés podría haber confiado en sus decisiones, en su propia sabiduría, pero no, él dependía de Dios para avanzar y con toda certeza dijo “si tu presencia no va conmigo, no nos saques de aquí”. ¿Dependemos hasta ese punto del Señor en nuestra vida? Si el Señor no va con nosotros, tampoco damos un paso? Es un punto para reflexionar y comenzar a fortalecer nuestra dependencia de Dios, haciendo un compromiso con el Señor y si Él no viene, nosotros tampoco vamos.
DAVID – Buscar a Dios en todo: 1 Samuel 30:8 – “Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré a estos merodeadores? ¿Los podré alcanzar? Y él le dijo: Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los cautivos.” En uno de los momentos más oscuros de su vida, David regresa a Siclag y descubre que su ciudad ha sido destruida y que sus esposas, hijos y los de sus hombres han sido llevados cautivos. Los hombres de guerra que le acompañaban, llenos de dolor y desesperación, incluso pensaron en apedrearlo. Pero en medio del caos, David no se dejó llevar por la angustia ni por su experiencia como guerrero, no tomó decisiones precipitadas. La palabra dice el “se fortaleció en Jehová su Dios» y luego dice que consultó a Dios antes de tomar cualquier decisión. Esta actitud revela una dependencia total de Dios, buscar su dirección aun cuando todo parece derrumbarse. David no actuó por impulso ni por orgullo. Él esperó la dirección del Señor y fue esa dependencia la que marcó el rumbo correcto para la victoria que vendría después. Su ejemplo nos recuerda que depender de Dios no es debilidad, sino una fortaleza espiritual. En cada batalla de la vida, consultar a Dios antes de actuar es una señal de madurez y confianza en Él.
JESÚS – Dependía del Padre en todo: Juan 14:10 dice “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.” Jesús no actuaba por sí solo, ni hacía nada por su propia cuenta como dice esta escritura. Dependía del Padre cien por ciento. Aunque era Dios mismo, Jesús vivió cada día de Su vida dependiendo completamente del Padre. No actuaba por su cuenta, no hablaba lo que quería, el Padre moraba en Él, cada palabra, cada acción, cada milagro, cada cosa que Jesús hacía, lo hacía con el Padre que mor…