Hoy continuamos hablando acerca del compromiso que requiere nuestra vida cristiana en todas las áreas y una de ellas es ayunar, porque nos permite parar un momento en nuestro diario vivir, salir de la rutina diaria, poner un alto al día a día, para dejar lo material y natural y enfocarnos con más precisión en nuestra área espiritual.

Con el ayuno volvemos al diseño que Dios un día estableció en nosotros, que era que nuestro espíritu estuviera por encima de nuestro cuerpo y por encima de nuestra alma. Cuando nos negamos a nosotros mismos, a nuestros deseos y renunciamos a algo que por voluntad deseamos hacerlo, nuestro espíritu se vivifica, se fortalece y podemos ver las cosas un poco más desde la perspectiva de Dios y no desde el punto de vista de nuestra carne.

En nuestro camino hacia la meta debemos comprometernos también con el ayuno y durante ese tiempo que estamos ayunando, reflexionar en varias cosas: ¿Cómo está mi vida espiritual? ¿Tengo mi corazón limpio y he perdonado? ¿Estoy apartando mi vida, alma, mente y corazón para Dios? ¿Cuál es el lugar de Dios en mi corazón? ¿Creo que Dios puede hacer cambios y transformar cosas imposibles?

Hoy quiero que reflexionemos en lo que habla la palabra de Dios acerca del ayuno, está en Isaías 58:6-7 “¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?»

El ayuno es asunto serio entre Dios y su pueblo, y no podemos tomarlo como algo circunstancial o como método para recibir las bendiciones, respuestas y el favor de Dios, ya que según el capítulo de Isaías 58 el pueblo hacía ayuno, pero Dios no les respondía a sus peticiones, porque sus corazones estaban contaminados, no había sinceridad en su proceder, hablaban justicia y no la hacían, permanecían atados a sus pecados y buscaban sus propios beneficios.

Cuando Dios habla a su pueblo le dice que el ayuno que Él ha escogido es muy diferente al ayuno que su pueblo practicaba, ya que para Dios no es tan importante que hagamos sacrificios, que pasemos largos días sin comer, cuando nuestro corazón sigue siendo indolente, injusto, egoísta y lejano a la presencia de Dios.

Por eso el ayuno que debemos practicar y que no es fácil de realizar, es un ayuno más que de comida física, un ayuno de negarse a sí mismo y habla de 8 cosas que para Dios son más importantes que dejar de tomar alimento:

Como podemos ver ayunar no es solamente dejar de tomar alimento, no es un instrumento mágico que cambia el curso de nuestra vida, es un complemento a una vida que agrada a Dios que es libre de ataduras, que procura hacer la voluntad de Dios sobre todas las cosas, que ama a los que están a su alrededor sin juzgarles, viéndoles siempre como aquellos por los que Cristo murió.

Que El Señor nos dé Su gracia para poder comprometernos de corazón para ayudar y proseguir hacia la meta.