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Los eruditos concuerdan hoy en día en afirmar que la versión más exacta de la Masorá y de la Biblia es la que preservó una familia de gramáticos de Tiberíades, los Ben-Asher.

Sin embargo, aun entre los textos copiados por miembros de esta familia se encuentran variantes en los signos de vocalización y de entonación, si bien en general las diferencias son leves.

Uno de los Ben-Asher, Aharón Ben Moshé, guió y revisó escrupulosamente la labor del escriba que en el siglo 10 copió el Códice de Alepo, así llamado porque durante siglos se conservó en esa ciudad de Siria. En nuestros días, este manuscrito se suele designar como Kéter Aram Tzová, donde Kéter significa corona y Aram Tzová es el antiguo nombre hebreo de Alepo (Siria). En ese códice se basó Maimónides para escribir el capítulo Hiljot Séfer Torá (Leyes [que rigen la confección] de los rollos de la Torá) de su renombrada obra Mishné Torá, una amplia codificación de la ley religiosa judía, con lo cual otorgó al Códice de Alepo un prestigio sin igual.

Maimónides escribió un códice del que nos fiamos para corregir según él los rollos de la Torá, que es el conocido códice de Egipto, que consta de veinticuatro libros, que permaneció en Jerusalém algunos años, y del que todos se fiaban ya que lo corrigió Ben-Asher, dedicando muchos años a perfeccionarlo. Según la tradición, lo revisó muchas veces y en él me basé para el rollo de la Torá que escribí según todas las reglas.

El Códice de Alepo sufrió graves daños en los motines de 1947 contra los judíos de Alepo, durante los cuales se incendió la sinagoga en la que se conservaba. Le faltan unas 200 páginas, cuyo paradero se ignora, y que incluyen la mayor parte del Pentateuco. Lo que queda del manuscrito se conserva en el Instituto Ben-Zví de Jerusalém.

Otros manuscritos de la Biblia hebrea o partes de ellos sirvieron de modelo, incluyendo la segunda edición de Mikraot Guedolot, impresa en Venecia por Daniel Bomberg en 1524-1525. Esa biblia se basó en una labor de comparación minuciosa, realizada por Jacob Ben Hayim ibn Adoniyahu, entre muchos manuscritos sefardíes (o sea procedentes de España o del Oriente Medio), a los que se tenía por más fidedignos que los askenazíes (procedentes de la Europa del este o del norte). Durante siglos, se consideró a esta edición como el texto bíblico impreso más exacto existente y se la aceptó como tal en toda la Diáspora, pese a que no está exenta de fallos.

 

El sentimiento nacional que se reavivó entre los judíos en el transcurso del siglo XIX, y en mucho mayor grado después de la fundación del Estado de Israel, fue la causa de que muchos desearan publicar una biblia hebrea judía. En otras palabras, deseaban disponer de una edición revisada y corregida conforme a las fuentes judías antiguas.

Entre quienes consagraron sus esfuerzos a esta tarea estaba un erudito de origen italiano, el Prof. M. D. Cassuto, investigador de la Biblia y de la antiguas culturas del Oriente Medio, quien conjuntamente con A. S. Hartom y otros, editó el texto conocido como la Biblia de Jerusalém, publicada en 1945, que incorpora numerosas enmiendas al texto de Guinsburg.

Entre muchas otras biblias judías publicadas desde entonces, merecen destacarse la de Korén, cuya primera impresión data de 1959-1962; una edición preparada por Aarón Dotán, conocida como la Biblia Adí, que apareció en 1976; la biblia revisada por el rabino Mordechai Breuer conforme al texto y al método del códice de Alepo, que vió la luz en los años 1977-1982; y un experimento interesante del Dr. Moshé Anat, que en 1970 publicó una biblia popular, en la cual los signos de puntuación que agregó (que no existen en la Biblia hebrea) y la disposición que dio al texto, lo hacen mucho más comprensible, sin necesidad de comentarios.

La biblia de Korén lleva el nombre del erudito e impresor Eliahu Korén, que vio en ella la obra central de su vida. Esta biblia se distingue por su exactitud, sus hermosos caracteres, que Korén diseñó especialmente para este propósito. La primera edición, que se destinó a bibliófilos, se imprimió en un papel especial con filigrana y constituye un modelo de buen gusto.

Ha aparecido una nueva biblia hebrea, que fue presentada al público en la Feria Internacional del Libro, celebrada en Jerusalén en abril del 2001. Esta edición se atiene escrupulosamente al texto del códice de Alepo establecido por el método del rabino Breuer, y es más exacta que cualquier versión publicada hasta la fecha, según lo demuestra el hecho de que la patrocine la Universidad Hebrea de Jerusalén. Para destacar su singularidad, la nueva biblia lleva el nombre de Kéter Yerushalayim (La Corona de Jerusalén).

Esta biblia es única por el hecho de que el artista impresor Nahum Ben-Zví, de quien partió la iniciativa de publicarla, se propuso crear una biblia que no sólo fuera absolutamente fiel al texto del Kéter Aram Tzová sino que también en su aspecto se le asemejara lo más posible.

Efectivamente, el formato de la Corona de Jerusalén es igual al del códice de Alepo y también lo es la compaginación del texto a tres columnas, en lugar de una o dos como en las demás biblias impresas hasta la fecha. Esta disposición – que no habría sido posible realizar sin las modernas herramientas de la informática – no incluye los poemas del Pentateuco (El Cántico del Mar, en Éxodo 15 y el cántico de Moisés Escuchad, en Deuteronomio 32), ni tampoco los tres libros de carácter poético de los Salmos, los Proverbios y Job, que requerían una configuración especial del texto. Éste es un experimento que al parecer no tiene precedentes. Por una parte, debido a la disposición a tres columnas, las líneas son más cortas, lo que permite captarlas de una sola ojeada, avanzando en la lectura de arriba abajo, pero por la otra, se siente cierta dificultad al saltar del fin de una columna al principio de la siguiente. Serán los lectores quienes habrán de juzgar.

El Kéter Yerushalayim ha sido impreso utilizando una fundición especialmente creada para este fin por el más prolífico diseñador de caracteres hebreos de nuestros días, Zvi Narkís. La letra sigue la pauta sefardí, en la cual los trazos verticales y los horizontales son casi del mismo ancho, contrariamente al estilo askenazí, donde los horizontales son relativamente más gruesos. Este diseño se ajusta muy de cerca al de la caligrafía del Kéter Aram Tzová, que es característica de los manuscritos de aquella época.

El papel elegido es del tipo llamado papel biblia de color crema, sobre el cual se ha usado tinta ligeramente grisácea (se ha añadido algo de rojo y de amarillo al negro), con el propósito de crear un contraste suficiente pero no excesivo entre el fondo y el texto. El libro está empastado en una tela sedosa de color carmín, agradable a la vista y al tacto.

Es lástima que en un libro tan cuidadosamente elaborado, el editor no siguiera la costumbre de sus colegas de generaciones precedentes, indicando en el colofón los nombres de todos aquéllos que han participado en la publicación, los autores de los programas informáticos utilizados, los impresores y encuadernadores, etc. Todos ellos merecen una mención honorable.