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Rebeca Díez nos comparte esta reflexión en este día. La humildad no va de abajo hacia arriba, sino a la inversa. No consiste en que el más pequeño rinda homenaje al más grande, sino que este último se incline con todo respeto ante el más pequeño. Es totalmente erróneo querer derivar la mentalidad cristiana de las costumbres terrenas. Visto así se comprende perfectamente que el grande se incline con bondad y amor hacia el más pequeño y sepa apreciar su valor; que se sienta emocionado por la debilidad y se disponga a defenderla. La verdadera humildad estriba en esto: en inclinarse respetuosamente el grande ante el pequeño, el mayor ante el menor.

El hecho de rebajarse así no significa perderse a sí mismo, porque el grande que adopta una actitud humilde está seguro de sí mismo y de su acción, porque sabe que será recompensado por su acción si por medio de ella no está buscando ser premiado por los demás.