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Diego Acosta nos comparte este devocional para meditar en este día. Si aceptamos la simbología de que la vida es un desierto, podremos entender lo que significa perder el rumbo en un panorama donde todo es peligrosamente igual. Este pensamiento me ha acompañado durante un cierto tiempo, como consecuencia de las cosas que les ocurren a las personas más cercanas.

¡Qué fácil es perderse!

Primeramente lo digo por mí, por la necesidad que tengo de volver sobre mis pasos, para situarme de nuevo frente a la Majestad del Altísimo. Perderse es fácil, reencontrar el Camino muy difícil!

Seguir los pasos de Jesús es maravilloso, pero exige el máximo de cada uno, para no caer ni en los descuidos ni en las tentaciones de las encrucijadas. Siempre me digo que el camino es uno, no tiene atajos ni tampoco senderos que hagan más fácil la marcha!

Por eso debo estar más que atento para no perder la Guía que representan las enseñanzas del Hijo del Hombre y aplicarlas en cada momento de mi vida. Por duro y exigente que sea el camino, es el único que nos lleva al Glorioso final de la vida Eterna.