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La mujer sunamita que había sido madre según el anuncio del profeta Eliseo, al morir su hijo tuvo una reacción impresionante y aleccionadora. Cuando el acompañante de Eliseo le preguntó como estaba, ella sencillamente contestó: Está todo bien y buscó hablar con el profeta.

Creo que es evidente el dolor de la mujer por la pérdida de su único descendiente, pero a la vez revela su convencimiento de que todo está bajo el control de Dios.

Todo lo que es bueno para cada uno de nosotros y lo que no lo es. Así de terminante fue la postura de la sunamita y así debe ser la de todos quienes nos llamamos hijos de Dios.Obrando de esta manera, dejaría de quejarme, dejaría de mirar lo que hace mi prójimo y buscaría cumplir con aquello que el Eterno ha puesto en mi mano. Está todo bien...significa que acepto todas las decisiones del Señor. ¡Todas!

Sin discusiones, con aflicciones tal vez pero sin rebeldía, entendiendo que los propósitos del Altísimo son de paz y no de mal, como se lo reveló al profeta Jeremías. ¡Está todo bien...porque es lo que Dios ha dispuesto!

Él obrará con Amor y Misericordia, como obró con la mujer sunamita, usando a Eliseo para resucitar su hijo.