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Tomar conocimiento de situaciones graves, debe ser un ejercicio de extrema prudencia, porque podemos equivocarnos gravemente al formular nuestras opiniones. Incluso podemos caer con relativa facilidad en la tentación de juzgar a algunos de quienes son protagonistas de esas situaciones que nos dejan perplejos y preocupados.

Estos razonamientos estuvieron en mi mente y en mi corazón durante varios días, al recibir la información sobre una situación muy seria que se vivía en una familia de amigos.

Tras reprimir el impulso de abrir la boca para juzgar, vino el Espíritu a imponer Dominio Propio y en lugar de comentar, me puse a orar. Sabio comportamiento, no por mí sino por el Espíritu, porque en muy poco tiempo recibí una información que había quedado oculta sobre el drama familiar que me inquietaba.

Entonces comprendí que sabio fue callar y que importante fue ser obediente a la Obra del Espíritu, para no pronunciar ningún juicio y esperar que lo oculto fuera revelado.

Esta actitud hubiera sido doblemente mala. Por juzgar y por hacerlo equivocadamente.