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Uno de los grandes laboratorios mundiales ha sido acusado de haber ocultado que uno de sus productos, que se vendía para una enfermedad determinada, podría ser muy efectivo en otra de mayor gravedad, el alzhéimer, en un porcentaje superior al 60 por ciento. Uno de los grandes laboratorios mundiales ha sido acusado de haber ocultado que uno de sus productos, que se vendía para una enfermedad determinada, podría ser muy efectivo en otra de mayor gravedad, el alzhéimer, en un porcentaje superior al 60 por ciento.

Impactante revelación porque plantea interrogantes que para quienes no pasamos de ser eventuales consumidores de esos remedios, dejan incredulidad y lo que es peor una pérdida de confianza en el propio laboratorio.

La ley de causa-efecto en este caso se cumple totalmente, porque no se entiende cuál puede haber sido el motivo determinante de una decisión, que por activa y por pasiva ha afectado a miles de personas enfermas en todo el mundo.

Ofende al sentido común y también a la sensibilidad humana, que detrás de esta decisión pudiera esconderse un factor meramente mercantilista, basado en no realizar un ensayo clínico debido a lo costoso que resultaría para la empresa.

Es legítima la cuestión de las utilidades en las empresas, pero lo que se torna ilegítimo en este caso es la decisión que habría dejado a miles de enfermos sin la posibilidad de encontrar un alivio a su padecer físico.

Estamos hablando de seres humanos con lo que las cuestiones ético-morales asumen un carácter de decisiva relevancia, en el ejercicio de la conducción empresaria.

Ponemos este tema ante Dios por Justicia.