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En estos tiempos debemos prepararnos para ver cosas inauditas. Entre ellas barcos pintados de oro, motos y también autos. Todos relucientes, groseramente llamativos. En estos tiempos debemos prepararnos para ver cosas inauditas. Entre ellas barcos pintados de oro, motos y también autos. Todos relucientes, groseramente llamativos.

Sin caer en el facilismo de pensar cuántos niños podrían haber comido con el oro invertido en cubrir esos vehículos, cabe reflexionar sobre estos casos.

Pensemos en el corazón de quienes deciden pintar de oro o con oro desde un barco hasta un auto!

Difícilmente tengan la mirada llena de compasión de Jesús. Por tanto tampoco les importará mucho cuánto gastaron y en que lo gastaron. Simplemente era una necesidad de manifestar su superioridad, su pequeño sentido de grandeza.

Difícilmente tengan la sensibilidad suficiente como para advertir que todo lo que somos y lo que nos rodea, sean seres o cosas, somos tan efímeros como la lectura de esta página.

Podemos dejar de ser en un segundo y entonces nada de lo que hayamos hecho tiene valor o sentido, si no ha sido para levantar nuestra mirada hacia lo Alto.

Difícilmente quienes tengan sus ojos puestos en el dinero, le podrán dar valor a otra cosa, porque el oro es tan atrayente que puede convertirse en un hechizo diabólico y capturarnos la vida.

Tengamos misericordia por quienes pintan sus propiedades con oro. Tristemente, solo tienen eso…oro. Mucho sí, pero solo eso. Y si dijeran lo contrario buscarían engañarnos, pero nunca engañarán al verdadero dueño del oro: al Eterno!