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Asumo que uno de los peligros que provoca el afán de hacer, de obrar, es el voluntarismo, que incluso llega a desafiar las advertencias más elementales. Asumo que uno de los peligros que provoca el afán de hacer, de obrar, es el voluntarismo, que incluso llega a desafiar las advertencias más elementales.

Me olvido con mucha facilidad de que no basta con la necesidad de hacer, porque todo debe estar condicionado a aquello que esté bajo la Soberana Voluntad de Dios.

Cuando nos alejamos de esta visión de la realidad, es cuando nos sometemos a riesgos casi siempre innecesarios, porque nos enfrentamos a situaciones que son frutos de nuestra imprudencia, de nuestra mal dirigida capacidad de hacer.

El voluntarismo me parece a veces desafiante, porque demuestra de manera concluyente como interpreto según mi conveniencia, aquello que debo considerar como un Mandato.

Si en la obediencia está la bendición, en el afán también está el castigo que nos buscamos precisamente por no ser capaces de aceptar las normas o las indicaciones que debemos dar por buenas.

El voluntarismo, no justifica los errores. Por el contrario, los aumenta.