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Muéstranos precisamente cómo contar nuestros días de tal manera que hagamos entrar un corazón de sabiduría.

Si practicáramos el pecado en secreto, tal vez conseguiríamos ocultarlo de los demás durante un tiempo, pero esa falta escondida estaría delante del rostro brillante de Jehová y estropearía nuestra relación con él.

A fin de recuperar la intimidad con Dios, tendríamos que pedirle perdón, abandonar el pecado y aceptar agradecidos la ayuda espiritual de los ancianos cristianos (Proverbios 28:13; Santiago 5:14, 15). Eso sería mucho mejor que terminar nuestros años lo mismo que un susurro y poner en peligro la esperanza de vida eterna.

Sería maravilloso que pudiéramos estar alegres por el resto de nuestra vida. A este respecto, Moisés suplica: “¡De veras vuélvete, oh Jehová! ¿Hasta cuándo será?, y siente pesar respecto a tus siervos. Satisfácenos a la mañana con tu bondad amorosa [o “amor leal”], para que clamemos gozosamente y nos regocijemos durante todos nuestros días” (Salmo 90:13, 14).

Dios no comete errores. Tras avisar de lo que se propone hacer, se produce en los pecadores arrepentidos un cambio de actitud y conducta (Deuteronomio 13:17). Por eso, aunque cayéramos en un pecado grave, Jehová nos satisfaría con su bondad amorosa si demostráramos arrepentimiento sincero, lo que nos permitiría clamar gozosamente’ (Salmo 32:1-5).

Además, si llevamos una vida recta, sentiremos el amor leal que Dios nos tiene y ‘nos regocijaremos todos nuestros días’, sí, el resto de la vida.