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Ofensiva de Donald Trump contra los transexuales.

Durante la era de Barack Obama el Gobierno federal reconoció los matrimonios homosexuales, el Pentágono integró abiertamente a gais y transexuales en el Ejército y hasta se crearon baños públicos de género neutro. Todo eso ya es historia. Poco a poco, el Gobierno de Donald Trump desmantela esos reconocimientos de diversidad de género que alimentan la narrativa de odio que empuña la ultraderecha a nivel mundial.

La llamada guerra de los baños vuelve a estar de moda, ahora que el Departamento de Salud y Servicios Humanos ha propuesto una nueva regulación que elimina la que creó la administración Obama para incluir la identidad sexual. Solo que las consecuencias llegarán más lejos que al cartel del cuarto de baño, que ya no distinguía entre hombres y mujeres.

Médicos, seguros y programas sociales podrán discriminar a los transexuales ateniéndose a esta nueva regulación que solo reconoce el género con el que se haya nacido. «El sexo supone el estatus de una persona como hombre o mujer basándose en señas biológicas inmutables antes o a la hora del nacimiento», dice la regulación propuesta, que adelantó The New York Times. Según ella, será el certificado de nacimiento el que constituya «prueba definitiva e irrefutable» del sexo de una persona basándose en evidencias genéticas.

La Casa Blanca ya ha forzado al Pentágono a expulsar de sus filas a los transexuales, en contra de la opinión del secretario de Defensa James Mattis que dimitió en diciembre por otras razones. La ofensiva continúa. Hoy se supo que este mismo Departamento de Salud permitirá también a las agencias de adopción rechazar a las parejas homosexuales. Además, en los últimos meses varias parejas del mismo sexo que adoptaron niños en el extranjero después de engendrarlos in vitro o con madres de alquiler se han encontrado con que el Departamento de Estado les impide extender la nacionalidad a sus hijos, al no haber nacido del vientre de una estadounidense.

La portavoz del Congreso, Nancy Pelosi, que representa al distrito de San Francisco, lo ha considerado «un ataque sin conciencia a la familias» de EE.UU del siglo XXI, pero son muchos los frentes en los que los demócratas tienen que combatir la intolerancia del nuevo Gobierno.