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Las actitudes del corazón son esos caminos que tomamos ante cada situación que se presenta en nuestra vida y decidimos caminar por uno o por otro, es importante tener la actitud en el corazón de estar dispuestos a perdonar, pero hay otra actitud también parecida a esta, aunque no es igual y es VIVIR SIN GUARDAR RENCOR.

Todos hemos escuchado la frase "PERDONO, PERO NO OLVIDO" También la frase "PERDONAR ES OLVIDAR", pero la expresión más correcta sería PERDONAR ES RECORDAR SIN DOLOR", todo esto es posible porque no guardamos rencor.

El rencor es un sentimiento de enfado profundo que permanece de manera persistente en nuestra mente alma y corazón, donde lo más peligroso es que es un sentimiento acumulativo, mientras más se recuerda más crece y puede llegar a ser tan letal para nuestra vida que empezará a limitarnos y sobre todo no va a permitir que seamos verdaderamente felices y tengamos el gozo de Dios.

Nadie está libre que una persona le ofenda y le cause algún daño, promesas que nunca se cumplieron, palabras que se las llevó el viento, hechos conscientes en nuestra contra, acciones injustas, cosas que hirieron nuestro corazón en determinado momento pueden traer esa semilla del rencor, pero en nosotros está el sacarla de raíz y no permitir que crezca y se desarrolle en nosotros.

Dios no se agrada cuando guardemos rencor en el corazón, en Levítico 19:18 dice "No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová." El Señor desde el principio nos dice que no guardemos rencor, que amemos a nuestro prójimo, la palabra de Dios es clara debemos tener en nuestro corazón la actitud de NO GUARDAR RENCOR.

Esta actitud es buena para nuestra relación con los demás, pero es mucho más beneficiosa para nosotros mismos, ya que el rencor destruye al que lo tiene y no permite que avancemos en esas áreas en las que guardamos rencor en el corazón. Quizás podemos pensar que no tenemos nada en nuestro corazón en contra de nadie, pero la semilla más pequeña de rencor que permitimos que quede en nuestro interior va a crecer y si no la destruimos va a germinar y dar como fruto una amargura profunda en nuestro corazón y el deseo de vengarse o que la otra persona esté mal o sufra tanto como nosotros.