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Fernando Ramírez nos compartirá sobre la doctrina de los últimos tiempos en el espacio de "Escuela Bíblica".

Existe una tendencia en querer identificar la palabra mundo con la palabra iglesia. No obstante, la Biblia usa la palabra “mundo” en un sentido cualitativo, para referirse al sistema de maldad del mundo, dominado por Satanás.

Sin embargo, Cristo no murió por un sistema; murió por las personas que forman parte de ese sistema. En ningún lugar del Nuevo Testamento, la palabra “mundo” se refiere a la Iglesia o a los elegidos.

En 1 Juan 2:1–2 tenemos una separación explícita entre los creyentes y el mundo, y una afirmación de que Jesucristo, el Justo, “es la propiciación” (v. 2) por y para ambos: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.”

H. C. Thiessen refleja el pensamiento del Sínodo de Dort (1618–1619) al decir: “Llegamos a la conclusión de que la expiación es ilimitada en el sentido de que se halla a disposición de todos; es limitada en que sólo es eficaz para aquéllos que crean. Está a la disposición de todos, pero sólo es eficaz para los elegidos”.

Ciertos acontecimientos redentores han tenido lugar en la historia real, en el entramado espacio temporal en Cristo. Jesús vivió una vida sin pecado (1 Pedro 2:22; 1 Juan 3:5). Murió y su muerte adquirió un carácter sustitutorio (Romanos 5:6–8). Resucitó al tercer día (1 Corintios 15:4). Ascendió de nuevo al Padre, donde permanece eternamente para interceder a nuestro favor (Hechos 1:9; 7:56; Hebreos 7:24–25). Estos son acontecimientos objetivos de la historia de la Redención. Han tenido lugar en Cristo, y tienen un carácter objetivo y redentor, con independencia de cuál sea mi respuesta subjetiva a ellos. Porque «Dios estaba reconciliando consigo al mundo en Cristo» (2 Corintios 5:19).

La Expiación de Cristo fue para «todos», sin duda para el mundo entero, y la Salvación de Dios tiene una condición: la fe en Cristo. Esta es la concepción bíblica del modo en que alguien puede estar en Cristo: sencillamente por la fe, y esto es algo abierto para todo ser humano.