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La Apologética consiste en defender nuestra fe ante aquellos que nos demandan razón de ella. Es verdad que muchas veces la jerga Apologética ha sido difícil de entender. En muchas ocasiones, para lo único que sirve es para permitirles a los expertos esconderse detrás de sus complicados términos. Así que la Apologética corre el peligro de caer, paradójicamente, en la inutilidad.

Pero debemos usar este recurso. Consiste en un área bien definida del ministerio relacionado con la evangelización, pero, por otro lado, es distinto a la evangelización.

La palabra griega apología quiere decir, como es bien evidente, «una defensa» o «una razón para creer o hacer algo». Se usa esta palabra con este sentido general en 1ª Pedro 3:15, donde se nos apremia a los cristianos a estar preparados para presentar defensa (apología) de la esperanza que hay en nosotros.

La Apologética consiste en defender nuestra fe ante aquellos que nos demandan razón de ella. Consiste en persuadir a la gente de que el cristianismo tiene sentido.

Convertirse al cristianismo no consiste en dejar de usar el cerebro o en decirle adiós al pensamiento racional. El objetivo de la Apologética es tratar los obstáculos de la fe, dando respuestas elaboradas y razonadas que permitan a nuestra audiencia ver la coherencia de la fe cristiana, y tomar una decisión al respecto.

La Apologética se parece más a la Retórica que a la Lógica. La Lógica consiste en las argumentaciones cortas y concretas que encontramos en los libros de texto. La Retórica es la habilidad de usar el discurso humano para persuadir a otros del poder y de la exactitud de nuestra visión u opinión. La Lógica consiste en la corrección; la Retórica consiste en cambiar las vidas de las personas. 

Existen tres factores, de acuerdo a los clásicos del pensamiento griego, que influyen en la gente cuando está intentando tomar una decisión: Primero, “logos” o razón. (La palabra Lógica se deriva de esta voz griega). Existen argumentaciones racionales excelentes para defender la fe cristiana, y es importante conocerlas y usarlas. Pero por sí solas no sirven de mucho. La mente es tan sólo un aspecto de la persona; también es necesario apelar al corazón. Y esto nos lleva a la segunda consideración.

Segundo, “pathos” o aspectos emocionales de los argumentos con los que apelamos al corazón. El amor es el tema que domina en el Nuevo Testamento. Dios nos ama. Muestra ese amor con palabras y con hechos y, de forma suprema, con la muerte de Jesucristo. En cierto sentido, el amor no es nada lógico. Pero es esencial para la vida y para las relaciones humanas. Así que la Apologética debe asegurar que se explique claramente y se investigue la relevancia del Evangelio cristiano para el corazón humano. 

Tercero, “ethos” o la situación de los oyentes. Cuando hacemos un discurso, si queremos llegar a las necesidades y esperanzas de la gente a la que nos estamos dirigiendo, debemos conocer su situación. Y esto es igual de cierto para el apologeta. Para construir un puente eficaz hacia la fe, debemos saber cuáles son los posibles puntos de contacto entre el Evangelio y las vidas y experiencias de nuestros oyentes.  En suma, la persuasión tiene que apelar a la razón, a la emoción y a la experiencia.