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Hoy en la Tertulia de Amigos en Radio Solidaria, Ramón Ubillos y Carlos Reich nos compartiran de actualidad

En una iglesia existen muchas áreas donde pueden surgir conflictos. Sin embargo, la mayoría de ellos tiende a surgir en una de estas tres categorías: Conflictos debido a pecado flagrante entre los creyentes, conflictos con el liderazgo, y conflictos entre creyentes. Es cierto que muchos asuntos pueden traspasar límites e involucrar dos o más de estas categorías. Los creyentes que pecan abiertamente representan un conflicto para la iglesia, como se observa en 1 Corintios 5. La iglesia que no trata con el pecado entre los miembros, le abrirá la puerta a más problemas. La iglesia no está llamada a juzgar a los incrédulos, pero se espera que la iglesia confronte y restaure a los creyentes que no se arrepienten de pecados como los que se enumeran en 1 Corintios 5:11: “. . . ninguno que llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón." Tales individuos no deben ser aceptados por la iglesia hasta que estén dispuestos a arrepentirse. Mateo 18:15-17 proporciona un procedimiento conciso para enfrentar y restaurar a un creyente. El enfrentamiento debe hacerse con cuidado, sumisamente, y con el objetivo de restaurar (Gálatas 6:1). Las iglesias que disciplinan con cariño a los pecadores reducirán grandemente los conflictos en la iglesia. A veces, puede que a los creyentes no les agraden las acciones ni las políticas de los líderes de la iglesia. Un incidente en la historia primitiva de la iglesia ilustra esto (Hechos 6:1-7). Un grupo de personas en la iglesia de Jerusalén se quejó con los apóstoles de que a algunas personas no se les atendía debidamente. La situación fue remediada, y la iglesia creció (Hechos 6:7). La iglesia primitiva utilizó un conflicto como una oportunidad de mejorar el ministerio. Sin embargo, cuando las iglesias no tienen un proceso claro para tratar los asuntos, las personas tienden a crearse sus propias plataformas. Individuos pueden comenzar a recoger las opiniones de otros en la iglesia, involucrarse en chismes, o hasta crear un bloque de "personas preocupadas." El liderazgo puede ayudar a evitar estos problemas siendo pastores generosos y amorosos. Los líderes deben ser sirvientes y ejemplos, en vez de señores (1 Pedro 5:1-3). Los miembros frustrados de la iglesia deben respetar a los líderes (Hebreos 13:7, 17), ser lentos para acusarles (1 Timoteo 5:19), y decirles a ellos la verdad con cariño, no a otros (Efesios 4:15). En esas ocasiones, cuando parece que un líder no responde a una preocupación, un individuo debe seguir la pauta establecida en Mateo 18:15-17 para asegurar que no haya confusión en cuanto a las posiciones de cada uno.