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Diego Acosta nos presenta esta reflexión en el espacio de Realidades. Una de las situaciones más complejas que podemos afrontar los seres humanos, es confundir las cuestiones personales con todo lo relacionado con Dios.

Este tema es una de mis mayores preocupaciones porque muy a menudo me encuentro con esta especie de dilema, que significa diferenciar los problemas de hombres, con lo relacionado con el Eterno.

Principalmente esta situación se plantea cuando por las razones que sea tengo un problema, de carácter personal, con alguien muy cercano.

La parte irracional de mi persona se rebela, sobre todo cuando creo que tengo la razón en una discusión y entonces, me parece que no tengo otra salida que sentirme perdedor.

Y es en ese momento cuando yo mismo me pongo en peligro, al no saber diferenciar que un problema con otro hombre, no tiene nada que ver para que se modifique mi relación con el Eterno.

Ser sabio en estas circunstancia es muy difícil, pero absolutamente necesario, para no agregar a un problema mundano, otro de tremenda gravedad espiritual. En las cuestiones humanas, dejemos al margen a Dios, quién es nuestro verdadero socorro.