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Cuando Dios dice te voy a bendecir, prepárate porque sus bendiciones siempre son sobreabundante, ¡mas que lo que te puedas imaginar! El siempre nos sorprende mas allá de lo que nosotros logremos entender.

Para Abraham la promesa era, “de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos” (Génesis 22:17). Dios bendijo a Abraham de tal manera que le multiplico su descendencia como las estrellas y arena, ¡Dios no pensó en poco, al contrario El lo bendijo en grande!

El propósito primordial porque Dios bendice, es ¡para que podamos ser de bendición a otros! Su plan no es que nos quedemos con la bendición sino que seamos generosos y liberales con lo que el a puesto en nuestras manos. Debemos darle a Dios de lo mucho que el nos a bendecido y hacer tesoros en los cielos. Lucas 12:33–34 nos dice, “Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”

Es un privilegio poder bendecir la obra de Dios y su casa. Cuando uno se pone a pensar que tan bueno a sido Dios con uno, ¡considerando cuanto el nos a bendecido! En Lucas 6:38, “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.” La regla del dar es que Dios nunca se queda con nada, ¡la bendición siempre se nos regresa!

Es como la ley de la siembre, ¡lo que sembramos también cosechamos! Hoy Dios desea que seamos instrumentos, vasos de su bendición, entendiendo que el nos bendice para luego ser de bendición.