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Estamos viviendo tiempos difíciles, pero El Señor está a nuestro lado en todo momento y en todo lugar, los tiempos de prueba debemos recordar que son temporales y no eternos, por lo que si hacemos un alto en el camino por alguna situación inesperada, después de esta pausa, debemos PROSEGUIR A LA META.

Hoy hablaremos de uno de los relatos más estremecedores que un hombre de fe tuvo que vivir,  a Abraham se le considera como el padre de la fe, ya que Abraham, tuvo que hacer una pausa en el camino, antes de proseguir, porque Dios le hace una petición, que entregue en sacrificio a su único hijo Isaac.

Entregar un hijo y renunciar a él es uno de los sacrificios más grandes que un padre o una madre puede hacer, de hecho muchos padres quisiéramos ponernos en lugar de nuestros propios hijos para poder evitarles el sufrimiento o evitar que pasen por alguna enfermedad, algún problema o alguna situación difícil. Sin embargo a Abraham, Dios le pide que ofrezca a su único hijo en sacrificio. 

La historia la encontramos en el libro de Génesis, capítulo 22, a veces resulta difícil imaginarse lo que pasaría por mente de Abraham cuando Dios le pide a Su hijo, porque dónde quedaba la promesa que un día Dios le había dado que decía “multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y daré a tu descendencia todas estas tierras". Todos los sueños construidos alrededor de su hijo estaban a punto de terminarse... 

Hay pausas que debemos hacer en el camino, donde las promesas del Señor parece que se demoran o pareciera que se han esfumado, tiempos adversos que vienen inesperadamente, pero que trastornan todo lo que estamos viviendo y nos ofrecen un reto a nuestra fe y entrega al Señor. 

Aún así, la palabra dice que Abraham se levantó muy de mañana, no lo pensó, no dio largas a lo que tenía que hacer, su fe era inconmovible en esos momentos y tomó a su hijo y emprendieron el viaje al lugar que Dios le había dicho para sacrificarlo.  Fueron 3 días hasta que de lejos vio el lugar, tres días en dirección contraria a la promesa que Dios le había dado, una pausa muy larga y muy difícil de vivir. 

Pensando en nosotros, cuántas veces hemos tenido que entregar algo al Señor, quizás cosas materiales, cosas muy importantes que hemos dado por perdidas, también lo más difícil, la entrega de personas, quizás no porque hayan muerto, sino porque no era la voluntad de Dios que estuvieran en nuestra vida y en un momento Dios decide quitarlas, a veces humanamente es muy difícil entender la soberanía de Dios, pero de algo SI podemos estar seguros, Dios nos ama y en ese amor, permite cosas o situaciones,  porque siempre obrará  para nuestro bien y hay propósitos detrás ellas. 

La batalla interior que este hombre de Dios llevaba en su corazón en ese camino hacía el lugar del sacrificio, fue una tremenda batalla, donde no habían armas de guerra, no había guerreros, soldados, ni armaduras, era la batalla de un corazón que amaba a Dios y que amaba a su único hijo, era una batalla interior entre hacer su voluntad o la voluntad del mismo Dios que le había dado a su pequeño.

La historia cuenta cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó un altar y compuso leña y ató a Isaac y lo puso sobre el altar, y sin pensar Abraham extendió su mano y tomó el cuchillo para degollar a hijo, entonces el ángel de Jehová dio voces desde el cielo diciendo: Abraham, y él respondió Heme aquí.  Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único y en ese  momento, miró  a sus espaldas y estaba  un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos.

Génesis 22:14 dice “ Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: “En el monte de Jehová será provisto.” Jehová proveerá o Jehová Jireh que significa Jehová- Yo soy Jireh -Proveedor, en otra traducción dice El Señor provee, El Señor se encarga, y eso es precisamente lo que Dios quiere que entendamos, que El se encarga de proveer la solución para cualquiera que sea nuestra necesidad. Abraham quitó sus ojos de su necesidad y los puso en quien puede proveer para esa necesidad, Abraham quitó sus ojos de lo que estaba pasando delante de él y los puso en El gran YO Soy, su proveedor.

Esa pausa en el camino que Abraham tuvo que vivir, fue un reto de fe y de entrega a la voluntad del Señor, sin embargo en esa pausa que hizo, Dios le enseñó muchas cosas, lo primero humildad para aceptar la voluntad de Dios y negarse a hacer lo que él realmente hubiera querido hacer, también aprendió paciencia, porque fueron tres días de camino en contradirección, haciendo lo que Dios le había dicho, sin poner nada en duda, y lo más importante, en esa pausa, Abraham conoce otra forma de expresión del Dios que da promesas, pero que también es fiel en cumplirlas. 

Así que hoy, sí estamos en medio de una pausa en el camino como la tuvo que vivir Abraham y Dios nos ha pedido entregar nuestro Isaac, no dudemos en hacer Su perfecta voluntad, porque Dios proveerá, Él se encargará de cualquiera que sea nuestra situación, Dios está cargo no sólo porque Él está en control de todo, sino porque Él mismo ha diseñado y escrito cada día de nuestra vida y conoce a la perfección el final de nuestra historia.

La batalla que Abraham libró interiormente se convirtió en una victoria inolvidable, conocida por todos hasta nuestros días, el luchó contra su voluntad, para hacer la voluntad de Dios, el peleó contra sus razonamientos y su lógica para someterse al plan divino, el batalló contra sus deseos y salió más que vencedor, Abraham sabía en quién había creído y después de esta prueba tan intensa, prosiguió hacia la meta. 

Recordemos siempre que la pausa en el camino para entregar algo que Dios nos ha pedido, es un tiempo de crecimiento para nuestra fe y para conocer un Dios que provee, así que entreguemos hoy nuestro Isaac, porque Dios proveerá y proseguiremos hacia la meta!