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Yo les daré otro corazón y pondré dentro de ellos un espíritu nuevo: arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.

El corazón de carne no debe entenderse en el sentido carnal, sino que simboliza aquí un corazón sensible y receptivo a las llamadas de Dios, mientras que el corazón de piedra, rebelde y duro, permanece sordo e indiferente.

Convertir un corazón de piedra en corazón de carne es una verdadera renovación interior, una evolución profunda del ser para abrirse a la palabra divina porque un corazón endurecido y cerrado no puede estar en comunión con Dios.