Guardo mi corazón (1ª parte)

Escrito por el 13 de enero de 2022

Hoy vamos a abordar un tema que es muy especial, y que aunque algunas veces lo toman los solteros en el área sentimental, es para todos, porque la palabra nos dice claramente como un mandato en Proverbios 4:23 “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.” Y el corazón puede ser una causa para detenernos en el camino hacia la meta que es El Señor, nuestra salvación y la vida eterna, Dios sabe que el corazón es peligroso y si cae en malas manos puede quitarnos la vida, la esperanza, la fe.

Si vemos la palabra habla que Dios guarda cosas, nos guarda del mal, guarda nuestra paz por ejemplo en Isaías 26:13 dice “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.”, pero en el caso del corazón, esta escritura dice que somos nosotros los que debemos guardarlo.

Y qué será guardar el corazón? La palabra guardar tiene sus raíces en germánico wardon que se aplicaba a un “centinela”. Un centinela era una persona que se mantenía en vigilancia para avisar de cualquier peligro, un centinela guarda, custodia, protege, pone a salvo, entonces quizás quiere decir que guardar el corazón es vigilar, cuidar, custodiar y proteger lo que entra en Él, porque algo puede tomarlo, hacernos daño, hacernos caer o hasta apartarnos del Señor.

Nuestro corazón debe estar guardado porque de él mana la vida, es nuestra esencia interior, debemos guardarlo de rencores, de dolor, de ser dañado y maltratado, guardarlo de ser corrompido. Cuando el corazón se expone y se le da a alguien o se pone en algo y luego esto se pierde o nos falla con ello se va nuestro corazón y se nos va la vida, como dice la palabra. Y para conocer un poco más, por qué debemos ser esos centinelas sobre nuestro corazón vamos a recordar algunas escrituras que nos hablan de lo que puede pasar con él y lo que hay en él.

EL CORAZÓN GUARDA TESOROS: Mateo 6:21 dice “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” Debemos vigilar qué tesoros guarda nuestro corazón, porque donde está nuestro tesoro, allí está él, poner el corazón en una persona, en algún bien material, en algo que podemos perder, dejará nuestro corazón, vacío, pobre, sin fe, el tesoro más grande que podemos guardar en el corazón es el amor de Dios, que permanece para siempre.

EL CORAZÓN PUEDE ENDURECERSE Y VOLVERSE DE PIEDRA: Éxodo 8:32 dice “Mas Faraón endureció aun esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo.” Ezequiel 11:19 dice “les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne”. Cuando el corazón se endurece no notamos que estamos errando o que estamos actuando mal, Faraón endureció su corazón para no dejar ir al pueblo de Israel a pesar de todo lo que estaba pasando, el corazón puede endurecerse a tal punto que se convierte en un corazón de piedra, que no siente, que no ama, que no perdona, que no acepta, que se resguarda a tal punto que pone una coraza donde nadie puede llegar. Debemos velar que las situaciones de la vida no endurezcan nuestro corazón, que no seamos insensibles al dolor, a la necesidad, a lo que otros están pasando, pidamos siempre al Señor que quite toda dureza y nos de un corazón de carne.

EL CORAZÓN PUEDE TURBARSE Y LLENARSE DE MIEDO: Juan 14:27 dice “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” Si no guardamos el corazón puede llenarse de temores, de miedos, puede turbarse, un corazón turbado es un corazón alterado, confuso, que no sabe que hacer, qué decisiones tomar, se encuentra perdido. Por eso debemos guardar el corazón porque si se llena de temores, perdemos esa estabilidad que El Señor quiere que tengamos, confiando en Él y no lo que hemos dejado entrar al corazón.

EL CORAZÓN ES ENGAÑOSO: Jeremías 17:9 dice “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Si no estamos alertas vigilando nuestro corazón, también él puede engañarnos, esta palabra dice que nuestro corazón es engañoso y perverso, o sea que tiene la tendencia a lo malo, pero si estamos vigilantes de nuestro corazón podremos controlar si hay en el engaño, maldad, perversidad y todas esas cosas que a Dios no le agradan pero que si las dejamos pasar pueden hacernos caer, hacernos mucho daño y desviarnos en nuestro caminar hacia la meta.

EL CORAZÓN SE EXPRESA EN NUESTRAS PALABRAS: Lucas 6:45 dice “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” Es muy importante vigilar y guardar nuestro corazón de lo que entra en él porque lo que abunda en nuestro interior, se reflejará en nuestras palabras, un corazón triste hablará palabras de derrota, de dolor, de ansiedad, de afán, un corazón dolido, hablará palabras de resentimiento, de falta de perdón, de rencor, un corazón lleno amargura, hablará palabras de insatisfacción, de queja, llenas de dureza, pero un corazón lleno del amor de Dios, hablará palabras que confortan, que animan, que llenan otros corazones de paz, de gozo, de confianza en Dios, porque lo que abunda en él es lo que sale por nuestra boca.

Entonces en esta primera parte de Guardo mi corazón y prosigo a la meta, recordemos de esas cosas que debemos guardar el corazón vigilando los tesoros que ponemos en él, porque si perdemos alguno de ellos allí estará también nuestro corazón perdido y lleno de frustración, debemos vigilar que nuestro corazón se endurezca y se vuelva de piedra porque El Señor quiere en nosotros un corazón de carne, un corazón lleno de Su amor. También debemos guardar nuestro corazón de llenarse de temor y de miedo, porque eso desestabiliza nuestra vida y la forma en la que enfrentamos las cosas, debemos guardar nuestro corazón porque es engañoso y perverso, con tendencia a hacer lo malo y debemos guardar el corazón porque de la abundancia de lo que hay en él hablará nuestra boca, finalmente no todo lo que está en el corazón está oculto, saldrá de alguna manera, en nuestros actos diarios y en nuestra palabras.

Así que guardemos nuestro corazón y prosigamos hacia la meta. La próxima semana seguiremos hablando de lo importante que es ser esos centinelas del corazón que Dios nos ha dado.


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