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Hay poder en la atmósfera. Un ambiente de alabanza, adoración, oración, amor y unidad atraen la presencia de Dios. Mientras que un ambiente de lujuria, ira y odios atrae los enemigos de la fe. Es allí, cuando somos tentados a entrar en un espacio de negativismo y duda, cuando estamos más expuestos al fracaso.

Dios responde a una atmósfera, Él está en todas partes, pero no en todas partes es manifiesta su presencia. Dios se manifiesta cuando la atmósfera es adecuada. Dios ama una celebración. A Él le encanta la atmósfera de alabanza y verdadera adoración de su pueblo. La falta de fe puede limitar la atmósfera donde Dios pueda moverse con señales y prodigios. Cuando Jesús ministraba en Nazaret, no pudo realizar allí mayores milagros debido a la incredulidad de ellos.