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Limpia, inagotable y disponible los 365 días del año porque no depende del sol ni del viento son algunos de los atributos incluidos en su carta de presentación. Está llamada a jugar un papel esencial en la consecución de un futuro sostenible y libre de emisiones, pero en nuestro país continúa como la «hermana pequeña» de las renovables.

La geotermia, la energía que aprovecha el calor que emana del interior de la tierra, no termina de despegar en España. Bajo nuestro pies se esconden valiosos recursos que, si se potenciasen más, podrían crear miles de nuevos empleos y ayudar a avanzar en la tan ansiada descarbonización de la economía.

Hay trabajo por delante. «En España es la gran olvidada y la más desconocida por administraciones, organismos públicos y por los técnicos, mientras que en el resto de Europa es una tecnología consolidada. En Suecia y Suiza, por ejemplo, está muy madura desde hace más de 20 años», explica Daniel Muñoz, director de Geotermia de Sacyr Ingeniería e Infraestructuras.

Pero no todos los recursos geotérmicos son iguales. Los de alta temperatura (superiores a 150º), que se encuentran a varios kilómetros por debajo de la superficie, se emplean sobre todo para generar energía eléctrica. «El grado de implementación es nulo, aunque es conocido desde los años 80 que el país tiene un potencial muy elevado, sobre todo en Canarias y Cataluña. Falta inversión estatal en exploración e investigación geotérmica, mecanismos de mitigación del riesgo geológico como sí tienen otros países como Francia o Alemania, o una regulación tarifaria para esta fuente», apunta Albert Pujadas, Coordinador del Grupo de Trabajo de Geotermia del Clúster de l’Energia Eficient de Catalunya (CEEC).

Los de media-baja temperatura (30-150º), que proporcionan calefacción y agua caliente en ciudades, balnearios, industria, invernaderos o piscifactorías, tampoco son muy utilizados dentro de nuestras fronteras, donde es más frecuente la explotación de los recursos de muy baja entalpía o someros (menores de 30º), idóneos para calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria en edificios y viviendas. Para ello se hacen unas perforaciones, se entierran unos captadores que extraen calor del terreno y con una bomba de calor (situada en el interior del inmueble) lo transmiten a la casa en invierno a través de suelo radiante o fancoils, mientras que en verano se mantiene fresca al cederse calor al terreno a través de esos mismos captadores.

A pesar de que existen prácticamente en toda la geografía nacional, «la penetración en Europa está siendo mucho más elevada que en España», tal y como advierte Margarita de Gregorio, directora de Geotermia en APPA, patronal de las renovables, y coordinadora de la Plataforma Tecnológica Española de Geotermia (Geoplat).

El retraso se explica, en parte, porque «esta fuente energética empezó desarrollándose solo en calefacción y en España las demandas no son tan elevadas como en otros lugares del continente, pero desde que se ha demostrado que también se puede aplicar en refrigeración se está implantando cada vez más, aunque los países nórdicos nos llevan ventaja», asegura Teresa Magraner, profesora del departamento de termodinámica aplicada de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) y experta en geotermia.

Es difícil cuantificar el número de instalaciones de nuestro país puesto que no existe un registro oficial de energías renovables térmicas. Según el barómetro de EurObserv’ER, en 2019 se vendieron en España 198 bombas de calor geotérmicas frente a las 25.343 de Suecia, las 19.000 de Alemania o las 12.112 de Países Bajos. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), por su parte, cifra en 211 las instalaciones de 2019. Pero Ecoforest, el único fabricante español de bombas de calor geotérmicas, indica a este periódico que ese año vendieron 667 unidades. «Como no hay registro oficial, no se incluyen y lo peor de todo, esta generación renovable no contabiliza para los objetivos que España tiene comprometidos ante la Comisión Europea», advierte De Gregorio.

Considera que son varios los factores que limitan el crecimiento de esta energía: «Las tecnologías están muy controladas, son maduras, eficientes y competitivas, pero el hecho de que haya que perforar es un freno». Otro obstáculo es el regulatorio. «No existe una normativa específica. Cada comunidad autónoma tiene la suya o no tiene, con lo cual es muy complicado tramitar una instalación», lamenta. Y echa en falta también mayor apoyo institucional: «La misma voluntad política que está habiendo para la promoción de las renovables eléctricas debería existir para las renovables térmicas».

Tampoco ayuda la elevada inversión inicial. Cuesta unos 18.000 euros para una vivienda unifamiliar de 150 metros cuadrados. Los expertos destacan, eso sí, que la amortización es de unos seis años y la vida útil de las instalaciones suele ser alta, de hasta 50 años. Los ahorros energéticos, que pueden alcanzar hasta un 70%, suponen otro señuelo. «En generación de frío, con un kilovatio eléctrico se producen seis kilovatios frigoríficos, no hay tecnologías que lleguen a esas eficiencias», recuerda Muñoz.

El sector residencial, sobre todo viviendas unifamiliares y edificios de cooperativas, es en el que más adeptos ha ganado, sin olvidar oficinas, centros comerciales u hospitales. «Aunque España es todavía uno de los países europeos con menor potencia térmica instalada, según el último informe del European Geothermal Energy Council para el año 2019, es el país que, comparando los datos del 2018, tiene mayor tasa de crecimiento situándose en el 20%», recuerda Pujadas. Ecoforest da cuenta de los «brotes verdes». En 2019 incrementaron la venta de bombas de calor geotérmicas un 50% interanual y en 2018 el alza fue del 62% respecto al año anterior.

Oportunidades

«A corto-medio plazo, la geotermia entrará en el pastel de las energías que conforman la climatización en un porcentaje mucho más alto del que tiene ahora, confío en que sea una de las recomendaciones marcadas por la UE para el sistema energético español. Todo lo que sea diversificar como se ha hecho en la producción eléctrica redunda en numerosas ventajas como el impulso industrial o la no dependencia de las energías exteriores», dice Arturo Farfán, investigador principal del proyecto Geo-District 3.0.

Con los fondos de recuperación europeos, España encara su última baza para apostar de forma decidida por esta fuente energética. Las oportunidades que se abrirían no son nada desdeñables. «Toda la cadena de valor de la geotermia se podría construir en España. El recurso es muy local, los instaladores también y la tecnología debería serlo. Podríamos cerrar los círculos y generar empleo tanto en la parte de la industria como de la instalación, todo de proximidad, y es lo que deseamos que ocurra de aquí a 2030», sostiene De Gregorio.