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Esta novela es una fábula maravillosa acerca del sentido de la vida y del valor insospechado de nuestros actos diarios.

Eddie tiene 83 años y trabaja en el parque de atracciones de una ciudad de provincias norteamericana. Ha pasado toda su vida en este lugar, a excepción de su participación en la Segunda Guerra Mundial, un episodio que le marcó profundamente. Su vida acaba de forma trágica al salvar a una niña que está a punto de ser atropellada por un coche de la montaña rusa. Eddie se encuentra ahora... en el cielo.

El paraíso aparece como el lugar donde, por fin, entendemos el sentido de nuestra vida en la tierra. Así, Eddie se encuentra con las cinco personas que más han influido en su vida, de forma directa pero también indirecta, sin que él se diera cuenta. Y así surgen dos preguntas capitales: ¿De qué manera nuestra vida está ligada a la de gente que no conocemos? ¿Cómo influyen nuestras decisiones en la vida de otras personas?

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La historia de El hundimiento está basada en la obra de un historiador alemán llamado Joachim Fest. Su libro ha servido de base al guión de Bernd Eichinger, el joven productor que hizo El nombre de la rosa. Pero la película incluye también el extraordinario documento del relato real de un testigo directo de los acontecimientos: la propia secretaria de Hitler, Traudl Junge. El film reconstruye así los últimos días del dictador en Berlín, asediado por el ejército soviético, de una forma tan verosímil que uno tiene la impresión de estar compartiendo con ellos su vida diaria en el búnker.

Aunque parezca extraño, en Alemania apenas se han hecho películas sobre Hitler. En cierto sentido es todavía un tema tabú, arriesgado e intocable. Muchos productores y realizadores consideran por eso un proyecto como éste, un verdadero suicidio comercial. A pesar de ello fue candidata a los Oscar como mejor película extranjera, aunque el premio se lo llevara la contribución rosa de Amenábar a una visión idílica de la enfermedad y la muerte con Mar adentro, que nada tiene que ver con la dureza brutal de la película de Hirschbiegel.

"Nuestro deber era dejar de lado los tópicos al uso y atenernos a la pura realidad", dice el director. Pero el escándalo lo ha provocado el hecho de que les "interesaba más el ser humano que el monstruo". Hitler se nos muestra aquí como un tipo anodino, patético, azotado por el parkinson y encogido por el peso de la derrota. Sus ocasionales accesos de furia y explosiones de megalomanía, no hacen sino agigantar su insignificancia, ante su endeble condición de animal acorralado. Sólo su gélida impiedad y desdeñosa indiferencia ante el sacrificio de su pueblo nos recuerdan que esa criatura encerrada en su guarida es el mismo hombre que ha convertido el mundo en un campo de exterminio.