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La Biblia no pretende ser ciencia; por consiguiente no debemos esperar encontrar en sus páginas cualquier tipo de clasificación elaborada, zoológica o de otra clase. Programa dirigido por Carlos y Dorys Matos en Radio Solidaria.

La Biblia no pretende ser ciencia; por consiguiente no debemos esperar encontrar en sus páginas cualquier tipo de clasificación elaborada, zoológica o de otra clase. Los Libros Sagrados, en cambio, fueron compuestos por y para un pueblo casi exclusivamente dedicado a la agricultura y a la vida pastoral, por tanto, en comunicación constante con la naturaleza. Para esta gente eran bastante naturales las referencias al mundo animal y a las costumbres de los animales, etc., y mientras más animales abundasen en el país, más frecuentes y variadas se podía esperar que fuesen estas alusiones.

De hecho, en la Escritura aparecen los nombres de un gran número de animales---más de ciento veinte especies. Un examen más detenido de la manera en que se introducen las referencias a los animales, la frecuencia de las alusiones a determinadas especies, y la fecha de los documentos en que se encuentran, pueden dar una idea clara de las condiciones del país en las diferentes etapas de su historia.

La especie, por ejemplo, llamada en hebreo re'em, muy probablemente el uro o toro salvaje, totalmente desaparecido en la época de la cautividad de Babilonia, el burro salvaje, el león, y otros pocos se extinguieron en Palestina hace mucho tiempo; otras especies son ahora tan escasas que apenas podrían ofrecer un tema conocido para ilustración.

La variedad de animales mencionados en la Biblia es notable; el avestruz, por ejemplo, un habitante de las regiones tórridas, y el camello, de los barrios sin agua alrededor de Palestina, se mencionan junto con el corzo y el ciervo de las cumbres leñosas del Líbano. Esta variedad, probablemente mayor en Palestina que en cualquier otro país en la misma latitud, podría atribuirse a los grandes extremos de elevación y temperatura en este pequeño país.

Por otra parte, no es de extrañar que la fauna de Palestina no sea ahora tan rica como solía serlo en los tiempos bíblicos, pues la tierra, ahora al descubierto, era entonces muy arbolada, sobre todo en las colinas al este del Jordán; de ahí los cambios.