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Epidemia: ni pánico ni complacencia.

Lamentablemente la amenaza del coronavirus va cobrando una dimensión cada vez mayor. La OMS ya reconoce que "debemos prepararnos para una pandemia global".

El miedo se propaga más rápido que el propio virus -cuyo índice de mortalidad no llega al 1% fuera de China y afecta solo a personas de edad avanzada con patologías previas-, razón de que las bolsas hayan experimentado su peor caída desde el Brexit. Habrá que esperar al segundo trimestre para medir el impacto económico de la epidemia.

El brote localizado en Italia, en pleno corazón de Europa, condiciona ya la vida cotidiana en Milán, donde se cierran los espacios públicos, o en Venecia, cuyo famoso carnaval ha sido suspendido. Los partidos nacionalpopulistas reclaman el cierre de las fronteras, pero lo urgente es más bien coordinar acciones y compartir información. La UE movilizará 230 millones para hacer frente al brote.

En España ya se ha descartado una decena de casos y tres están en estudio, pero el alarmismo no está justificado en uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo. No se trata de caer en la complacencia sino de precisar el alcance exacto del problema para poder enfrentarlo con eficacia.