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Con la paz de Dios en su corazón a Gedeón le tocaba dar un paso más, poner a Dios en el lugar que le corresponde. Cuántos vivimos con esa actitud en el corazón? ¿Tiene Dios el lugar que le corresponde en nuestras vidas? Vivimos con esa actitud en el corazón?

Tristemente cuenta la historia que el pueblo de Israel había construido altares a Baal y tenía la imagen de Asera, ellos eran pueblo de Dios, pero otros dioses habían venido a ocupar el lugar de Él en medio de su pueblo físicamente y sobre todo en sus corazones, viven oprimidos por sus enemigos, pero no se preguntaban la razón, la principal que era el haber dejado a Dios de lado y darle su lugar a otros dioses.

Después de recibir la paz de Dios en su corazón ahora era necesario ser valiente y quitar esos altares e imágenes en medio del pueblo por lo que dice la palabra en el libro de Jueces 6:27 "Entonces Gedeón tomó diez hombres de sus siervos, e hizo como Jehová le dijo." La actitud del corazón de Gedeón fue determinante, tenía que dar un paso más de fe, derribar aquellos altares e imágenes, destruirlos por completo, dice la escritura que tomó diez de sus siervos e hizo como EL Señor le dijo, no esperó más.

El pueblo de Israel vivía en opresión y había permitido que las costumbres de los madianitas se mezclaran con ellos, qué hacían dioses paganos en medio de un pueblo que honraba a Dios? El pueblo de Israel se había acostumbrado a vivir no solamente oprimidos por los madianitas, sino también se habían olvidado que Dios debía ocupar el único lugar en medio de su pueblo y consintieron en que otros dioses tomaran su lugar y lo compartieran con él.

Qué lugar ocupa Dios en nuestra vida? En esta historia el enemigo tenía al pueblo oprimido y sujeto a su voluntad, ya que cuando dejamos que otras cosas, personas o situaciones ocupen el lugar de Dios en nuestro corazón, nos vemos expuestos a ser vulnerables y nos convertimos en presas fáciles para nuestros enemigos.

La historia cuenta que Gedeón hizo esta destrucción del altar a Baal y de la imagen de Asera de noche, y por la mañana cuando los de la ciudad se levantaron todo estaba derribado y se preguntaron ¿Quién ha hecho esto? Rápidamente pensaron en Gedeón.

Gedeón estaba dando pasos de fe para ser liberado de sus opresores y liberar a su pueblo, había entendido que Dios estaba con él, había recibido Su paz para librar cada batalla y había destruido los altares para los dioses y dejar a Jehová como único Dios sobre su pueblo.

Para poder tener libertad en nuestro corazón, debemos tener la actitud de sacar todo aquello que está ocupando el lugar que Dios debe tener en nuestra vida. Estamos viviendo tiempos difíciles, los días son malos, como dice la palabra y es tiempo no solo de buscar la paz de Dios, sino también de revisar qué lugar está ocupando Dios en nuestro corazón, en nuestra familia, en todo lo que hacemos y somos. Está claro que tanta destrucción había venido al pueblo de mano de sus enemigos porque ya Dios no reinaba sobre Israel, eran otros dioses los que ocupaban su lugar.

Qué lugar ocupa Dios en nosotros? Comparte nuestro amor, pensamientos, dedicación y todo lo que hay en nosotros con otros dioses? Quizás no adoramos dioses hechos por mano de hombre, pero si permitimos que personas, situaciones, pecados y aún nosotros mismos ocupemos el lugar que Dios debe tener en medio de nosotros. Qué es más importante que Dios en nuestra vida? Nuestra familia? Nuestros hijos? El dinero, el trabajo, los bienes materiales? Nuestro ego? Si una de estas cosas son destruidas o nos hacen falta cómo reaccionamos?

Durante este tiempo nos hemos dado cuenta que muchas cosas de las que creíamos que eran importantes dejaron de serlo, nuestra apariencia cabello, maquillaje y vestuario, ha dejado de tener gran importancia escondida detrás de una mascarilla, guantes y ropa cómoda, tenemos vehículos, pero no podemos desplazarnos muy lejos, quizás tenemos el armario lleno de ropa, pero no la estamos usando, quizás hemos ahorrado dinero para viajar y conocer nuevos países, pero ahora no podemos cruzar fronteras, quizás tenemos renombre, un alto cargo en una empresa o en una iglesia, pero estamos en casa donde nadie nos ve, quizás tenemos bienes materiales, casas, joyas, posesiones y de qué nos ha servido todo esto?

Lo que verdaderamente importa ahora mismo es nuestra vida, los seres que amamos y sobre todo el lugar que Dios debe tener en el centro de nuestro corazón. Es tiempo de quitar todas aquellas cosas, que aún siendo cristianos, hemos puesto en el lugar que a Dios le corresponde, dejemos que Dios tome su lugar, no solo en este tiempo, sino en cada día de nuestras vidas.

Es tiempo de derribar esos lugares en el corazón que ocupan el lugar que nuestro Dios debe llenar. Dejamos que Dios ocupe el lugar que le corresponde, como nuestro padre, nuestro amigo y consejero, nuestro proveedor, nuestro sanador y sustentador, El es todo para nosotros, no entreguemos ese lugar a nadie. Recordemos hoy más que nunca la escritura de Eclesiastés 12:13 que dice: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.”