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Según se presenta esta teoría, se podría pensar que el Señor se apareció de forma rápida, en algún lugar oscuro en el que sería fácil confundir las cosas. Pero nada más lejos de la realidad.

Después de resucitar, Jesús no sólo se apareció a las mujeres en la madrugada del domingo, cuando apenas había luz, sino que también se reunió con sus discípulos a diferentes horas del día. El Nuevo Testamento recoge al menos diez apariciones diferentes en las que podemos encontrar las características más variadas.

• Por ejemplo, el Señor fue visto por individuos que se encontraban solos (María Magdalena, Pedro y Santiago), por grupos pequeños (los discípulos reunidos...) y por más de quinientas personas juntas.

• Apareció en diversos lugares: en el jardín del sepulcro, cerca de Jerusalén, en el aposento alto, en el camino a Emaús, junto al mar de Galilea, en un monte de Galilea y en el monte de los Olivos.

• También hubo diversidad en lo que respecta a la disposición de ánimo de quienes lo vieron: María Magdalena estaba llorando; las mujeres estaban temerosas y azoradas; Pedro lleno de remordimientos y Tomás de incredulidad. La pareja que caminaba hacia Emaús estaba distraída por los acontecimientos de la semana y los discípulos de Galilea por la pesca.

• Cristo se apareció a muchas personas, y las descripciones de las apariciones implican gran detalle.