Nadie era más solicitado que Jesús, y aun así se retiró regularmente de la actividad para poder estar solo y orar. Estaba muy ocupado, pero nunca estresado, cosa que enseñó a sus discípulos. Escucha: Entonces los apóstoles se reunieron con Jesús y Le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado.

Él les dijo: “Venid vosotros aparte, a un lugar desierto, y descansad un poco”. (Eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer.)” (Marcos 6:30-31). ¿Suena familiar? Porque la prisa que no considera el amor es el gran enemigo de tu alma. A menudo, la ira causa enfados. Nos impide recibir el amor del Padre para dárselo a los que lo necesitan. Es por eso que Jesús nunca se apresuraba.