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He relatado tan escrupulosamente como he podido, sin novelar, procurando
atenerme a lo que sabía, la historia de Aléksei Feodósievich Vangengheim, el
meteorólogo, un hombre aficionado a las nubes y que hacía dibujos para su hija,
atrapado en una historia que fue una orgía de sangre.

Eso escribe Olivier Rolin al
poco de acabar su relato. Nos miente, claro, porque en la línea de Emmanuele
Carrère o Javier Cercas, está novelando, en la medida en que su fidelidad a los
hechos no le exime de aproximarse poéticamente a la realidad. Al incluirse,
aunque sea de forma oblicua, en la biografía de esta víctima (una más) del
estalinismo, Rolin subjetiva a Vangengheim de muchas maneras distintas: se
identifica con él, le compadece, le utiliza para homenajear a todos aquellos que
murieron injustamente en los gulags pero también lo retrata como símbolo de esa
utopía que, haciéndose realidad, sembró la muerte prematura de todas las
revoluciones que estaban por venir.
Ese sin novelar podría ser un argumento para convencer a los detractores de
esta nueva tendencia de la ‘no ficción’ de que, por muy increíble que parezca, la
historia de Vangengheim es real. Cualquiera que haya leído Vida y destino, de
Vasili Grossman, o “Archipiélago Gulag”, de Aleksandr Solzhenitsyn, podrá
comprobar que el periplo kafkiano del jefe del Servicio Meteorológico de la URSS
era moneda común en esos cementerios de presuntos disidentes. Por eso no
importa tanto la verdad documental de los hechos sino la manera en que la novela
llama la atención sobre sus propias estrategias de legitimación histórica (esa
tercera persona del singular que, en las epístolas, sin apenas solución de
continuidad, se convierte en primera). En ese sentido, la prosa de Rolin es de una
nitidez, de una transparencia notables, y se pone al servicio de Vangengheim -y de
su hija Eleonora, la destinataria de sus cartas, sus dibujos y sus herbarios, de las
que la cuidada edición española incluye una selección, en color y papel satinado,
como apéndice- con la humildad de un testigo ocular a quien le habría gustado
tender una mano a ese hombre que, incluso en los peores momentos de su
confinamiento, sigue confiando en que el Partido se dará cuenta de su error.
Lo más conmovedor de Aléksei Feodósievich Vangengheim es su idealismo. El
anclaje a la vida que le aporta la relación epistolar con su hija es también el de otra
utopía, que es el sueño de medir la temperatura de la Naturaleza, predecir sus
movimientos cósmicos, entender sus efectos sobre el hombre común, hacer
política con ellos para contribuir a la utopía comunista y establecer una cierta
pedagogía humanista a través del clima, como si Vangengheim quisiera ver en las
auroras boreales del Polo Norte un signo de que, al cabo de la calle, su muerte
será didáctica, servirá para algo. La Historia le demostrará que no, que ni siquiera
su biógrafo podrá explicar con exactitud por qué le detuvieron la noche del 8 de
enero de 1934, pero eso es lo de menos, porque la literatura, sin avergonzarse de
su aliento novelesco, existe para restituir la memoria de gente como él, que creyó
en la revolución antes de que la revolución se disolviera en el aire, llevándose por
delante un enorme puñado de almas que siguen hechizando el presente de Rusia.

Autor –
Pearl S. Buck, también conocida por el pseudónimo John Sedges, fue una autora
estadounidense conocida por sus novelas sobre la vida en China y ganadora del Premio Nobel
de Literatura de 1938.
Pearl Comfort Sydenstricker nació el 26 de junio de 1892, en Hillsboro, Virginia Occidental,
EE.UU. y fue criada en Zhenjiang en el este de China por sus padres, misioneros presbiterianos.
Inicialmente educada por su madre y un tutor chino, fue enviada a los 15 a un internado en
Shanghai. Dos años después ingresó en el Colegio de Mujeres Randolph-Macon en Lynchburg,
Virginia; se graduó en 1914 y permaneció durante un semestre como instructora de psicología.
En mayo de 1917 se casó con el misionero John L. Buck; aunque más tarde se divorció y se
volvió a casar, conservó el nombre Buck profesionalmente. Volvió a China y enseñó literatura
inglesa en universidades chinas entre 1925 y 1930. Durante ese tiempo reanudó brevemente
sus estudios en los Estados Unidos en la Universidad de Cornell, donde tomó una maestría en
1926. Comenzó a colaborar para revistas americana scon artículos sobre la vida en China en
1922. Su primera novela publicada,Viento del este, viento del oeste" (1930) fue escrita a
bordo de un barco que se dirigía a América.
La buena tierra (1931), un conmovedor cuento sobre un campesino chino, su esposa esclava
y su lucha por surgir, fue un best seller. El libro, que ganó el Premio Pulitzer (1932), estableció
a Buck como intérprete del Oriente para los occidentales y fue adaptado para el escenario y la
pantalla. La Tierra Buena, ampliamente traducida, fue seguida por Sons (1932) y A House
Divided (1935); La trilogía fue publicada como La Casa de la Tierra (1935). Buck fue
galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 1938.
A partir de 1935 Buck vivió en los Estados Unidos. Ella y su segundo esposo, Richard Walsh,
adoptaron seis niños a lo largo de los años. De hecho, la adopción se convirtió en una cruzada
personal para Buck. En 1949, en un movimiento para ayudar a los niños de raza mixta
engendrados en Asia por los militares estadounidenses, ella y otros establecieron una agencia
de adopción, Welcome House. También fundó otra agencia de patrocinio infantil, la Pearl S.
Buck Foundation (1964, más tarde renombrada Opportunity House), a la que en 1967 entregó
la mayor parte de sus ganancias, más de 7 millones de dólares. Welcome House y Opportunity
House se fusionaron en 1991 para formar Pearl S. Buck International, con sede en la finca de
Buck, Green Hills Farm, en Pennsylvania, un hito histórico nacional.
Después de su regreso a los Estados Unidos, Buck se volcó a la biografía, escribiendo sobre las
vidas de su padre, Absalom Sydenstricker (Fighting Angel, 1936), y su madre, Caroline (The
Exile, 1936). Sus novelas posteriores incluyen Dragon Seed (1942) e Imperial Woman (1956).
También publicó relatos cortos, como La Primera Esposa y Otras Historias (1933), Lejos y Cerca
(1947), y La Buena Acción (1969); a éstos se agregan un trabajo no ficticio, El niño que nunca
creció (1950), sobre su hija Carol mentalmente incapacitada, (1920-92); una autobiografía, My
Several Worlds (1954); y una serie de libros infantiles.
Bajo el psudónimo John Sedges publicó cinco novelas incluyendo un best seller, The Townsman
(1945).
En diciembre de 2012 un manuscrito inédito, completado justo antes de su muerte el 6 de
marzo de 1973, fue descubierto en un depósito en Texas, y fue publicado el año siguiente. La
novela, titulada El Eterno asombro es la crónica de la peregrinación de un joven genio.