Hazte socio de radio solidaria

Cuando estamos dispuestos a reconocer nuestros errores, Dios puede ayudarnos a mejorar nuestra forma caminar. Una de las actitudes de nuestro corazón que más puertas puede abrirnos y nos ofrece la posibilidad de cambiar cuando hemos hecho mal las cosas es tener la actitud de reconocer nuestra falta, error o equivocación sin justificación y sin argumentos.

Reconocer no es más que aceptar y declarar que nos hemos equivocado, tenemos que pensar que muchas veces vamos a tener la razón pero habrá momentos en los que realmente no hemos tenido la razón y nos hemos equivocado pero nos cuesta mucho llegar al punto de reconocer nuestra falta porque eso implica humillarnos, bajar la cabeza, ceder y darnos por vencidos en una batalla que quizás solo estemos librando nosotros solos.

Uno de los personajes bíblicos que más nos da ejemplo y que vemos que la escritura dice que era un corazón conforme al de Dios es el Rey David y el en el Salmo 51:3 llega al punto que a Dios le agrada que lleguemos todos los que hemos hecho algo que no está bien, diciendo "Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. "

Cuando nosotros no tomamos la actitud de reconocer, estamos tomando otras actitudes como rechazar, negar, ignorar, desechar o justificar lo que hemos hecho sin dar lugar a lo que una actitud de reconocer nuestra falta nos lleva.

Cuando nosotros mismos no estamos dispuestos a reconocer nuestras malas acciones, emprendemos un camino muy largo que nos llevará a sentirnos humillados, incomprendidos, rechazados, nos volvemos víctimas y vivimos en un estado de injusticia que poco a poco va tomando nuestros corazones y puede llegar a llenarnos de amargura, dolor y resentimiento.

Por el contrario cuando estamos dispuestos a reconocer nuestra falta, primero tenemos la posibilidad abierta al cambio, Dios puede trabajar con una persona que está dispuesta a reconocer sus faltas, porque no encontrará una justificación para cada cosa que no hace bien, cuando decidimos reconocer estamos dispuestos a aceptar pero también nuestro corazón se vuelve dócil, abierto a otras posibilidades y no se endurece, un corazón que reconoce sus faltas es un corazón lleno de sabiduría y Dios se complace en un corazón dispuesto a aprender.

Recordemos que cuando estamos dispuestos a reconocer nuestros errores Dios puede ayudarnos a mejorar nuestra forma caminar.