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Vemos a Moisés en la cima de un collado y que dependiendo de la postura de sus brazos era lo que sucedía en la batalla, si Moisés bajaba los brazos, Amalec iba venciendo, pero si sus brazos estaban arriba, Israel era quien vencía.

Y es que bajar los brazos significa, no poder más, dejar de persistir, parar el esfuerzo, detenerse, y eso es lo que justamente Moisés no podía permitirse. Bajar los brazos definitivamente acabaría en la derrota total del pueblo.

Si esto hubiese pasado, te imaginas después a Moisés diciendo, ¿qué habría pasado si no los hubiera bajado? ¿Cuantas veces nosotros hemos bajado los brazos? ¿Cuantas veces ya no quisimos saber de nada? ¿Cuántas veces nos cansamos de esperar una respuesta y como no veíamos nada decidimos ya no orar, ya no ayunar, dejar el asunto por la paz? Pero, ¿Qué hubiese pasado si no lo hubiéramos hecho?

Dios, desea que persistamos, quizá muchas veces nos detuvimos, paramos nuestros esfuerzos, y era cuestión de solo una oración más para recibir nuestra victoria o nuestra bendición y ya no llego porque bajamos los brazos. El apóstol Pablo decía PROSIGO A LA META es decir, que aunque él ya tenía muchos logros, también muchos padecimientos, pero no dejaba de perseverar para obtener lo que al final de su carrera en el evangelio obtendría.