Miguel Díez nos comparte esta reflexión en este día . Debemos escudriñar las escrituras para determinar si realmente estamos haciendo las cosas conforme al evangelio de Cristo, no para aprobarnos a nosotros mismos sino para estar preparados a recibir la aprobación de Dios: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? Mas espero que conoceréis que nosotros no estamos reprobados” (2 Corintios 13:5-6). No debemos resistirnos a la instrucción y corrección de la palabra de Dios: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16).

Algunos creen que este pasaje justifica el diezmo, o el uso de instrumentos musicales en el culto según la instrucción del Antiguo Testamento, pero no se dan cuenta que en realidad por medio de la instrucción del Antiguo Testamento, toda la forma de culto a Dios había de cambiar cuando Dios estableciera el nuevo pacto: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá” (Jeremías 31:31). Y el escritor de la carta a los Hebreos nos enseña que: “Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer” (Hebreos 8:13). Como podemos ver la palabra de Dios es la que aprueba el Nuevo pacto como el texto por el cual seremos aprobados o reprobados delante de Dios.

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